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Las obras imprescindibles de la escritora feminista Ursula K. Le Guin

Guía de lectura urgente de las cuatro obras imprescindibles de la gran autora de ciencia-ficción y fantasía desaparecida

La escritoria Ursula Le Guin American, en 2001.
La escritoria Ursula Le Guin American, en 2001. AP

En la vasta producción de Ursula K. Le Guin, que incluye novelas, cuentos, ensayos, obras para jóvenes y niños, poesía y libros de fotografía, destacan un puñado de obras en las que se ha asentado especialmente su fama como la maestra indiscutible de la ciencia-ficción y la fantasía. Son estas:

La mano izquierda de la oscuridad (edición en castellano en Minotauro, 2009). Publicada originalmente en 1969, es la gran novela de Ursula K. Le Guin y la más conocida. Trata sobre un embajador humano de la liga planetaria del Ecumen, Gently Ai (que es negro, como otros personajes de la escritora: algo que no era muy habitual en el género en la época) que realiza una misión diplomática en el helado planeta Guden también llamado Invierno (sí, hubo un Invierno antes de la llegada del de George R. R. Martin). La particularidad de ese mundo es que sus habitantes son la mayor parte del tiempo hermafroditas neutros pero cuando entran en estro o kémmer adquieren sexo masculino o femenino y pueden comportarse como hombres o mujeres. El protagonista traba amistad con un funcionario local, Derem Har rem ir Estraven, “oreja del rey” , y con él viaja por el planeta viviendo diferentes aventuras y afrontando peligros, incluyendo complots políticos. Cuando Estraven entra en kémmer y se convierte en hembra, la situación entre los dos amigos toma un giro inesperado. La sexualidad guedeniana y la extrañeza con que contemplan la humana que les parece algo perverso por la permanente disponibilidad para el coito, permite a la autora lanzar una mirada sumamente perspicaz sobre el sexo y el género. Y sobre la amistad y el amor. En la novela aparecen varios elementos comunes al universo (y valga la palabra) creativo de K. Leguin, como el ansible, un mecanismo que permite comunicarse instanbtáneamente con cualquier lugar de la galaxia, y el citado Ecumen, la liga de los planetas, que se compone de 83 mundos y tres mil naciones o grupos antropomorfos.

El nombre del mundo es bosque (Minotauro, 2002). Es una novela de 1976 basada en un relato corto anterior de la propia K. Le Guin y que también transcurre en el universo del Ecumen, la liga de mundos. A los que hayan visto Avatar la trama les sonara mucho. Los humanos, encabezados por militares violentos, han colonizado el planeta bautizado como Nueva Tahití y están eliminando sus inmensos bosques para explotar sus recursos, especialmente la madera. Los habitantes originales del planeta, los contemplativos y sosegados crichis, bajitos y verdes, son empleados como mano de obra barata. A los humanos les parecen poca cosa, pero porque no entienden a los visionarios nativos, que viven en una interrelación permanente entre realidad y sueño. Cuando se desata una rebelión de los crichis, de mentalidad ecologista, por la sobreexplotación de su mundo y los abusos sobre ellos, incluidas violaciones de las mujeres, la liga planetaria trata de poner coto a las fuerzas coloniales pero la situación sigue deteriorándose hasta el desastre final y la decisión, tardía, de declarar el planeta no apto para la colonización humana a fin de proteger su diversidad biológica. En la novela, relatada (ahí su mayor originalidad) desde los dos puntos de vista, aparecen un antropólogo que estudia la cultura de los autóctonos y trata de entenderlos y un crichi que intenta lo propio con los humanos.

Los desposeídos (Minotauro, 2002). Junto con La mano izquierda de la oscuridad, la otra gran novela de K. Leguin, por su ambición, su mirada social y su lirismo. Publicada en 1974 y ganadora de los premios Nebula, Hugo y Locus, muestra dos cuerpos celestes, el planeta Urras y su luna Anarres, ambos miembros del Ecumen, que pese a estar poblados por la misma gente (los de la luna son descendientes de exiliados del planeta huidos tras una revuelta) tienen sistemas políticos opuestos. En Urras, un mundo amable y de fácil subsistencia, se ha impuesto un capitalismo a ultranza, mientras que en Anarres, lugar árido y escaso de recursos, ha ptrosdperado una sociedad ácrata y libertaria, que se rige por un anarquismo teñido de filosofía oriental. El protagonista, Shevek, es un científico y filósofo anarriano que no encuentra en su mundo las condiciones ideológicas para desarrollar su trabajo y viaja a Urras. El elemento que trastoca todo el status quo de los dos mundos opuestos es el descubrimiento, precisamente, del ansible, el instrumento fundamental que permite la comunicación instantánea en el universo y que otorga al mundo pobre una posición fundamental en el cosmos. La descripción de la trama no hace justicia a la belleza poética de esta novela, llena de sensibilidad y que muestra desde la emoción las paradojas de dos sistemas políticos complejos. K. Le Guin desarrolló incluso un lenguaje para los anarquistas anarrianos en el que no existe el posesivo. Los desposeídos es una de las lecturas más maravillosas que pueda leerse y un ejemplo de la capacidad de invención y la sensibilidad de su autora.

Un mago de Terramar. El ciclo de Terramar (todo publicado por Minotauro), que arranca con este título de 1968 y se compone de tres novelas originales y varias continuaciones ha sido calificada a veces de obra para jóvenes pero es una creación maravillosa a la altura de El Señor de los Anillos, de Tolkien, o Canción de hielo y fuego, de Georges R. R. Martin, por citar solo dos de las grandes series con las que tiene grandes paralelismos. También es comparable a las novelas de Harry Potter, y de hecho, la propia K. Le Guin señaló la influencia de la historia de su joven aprendiz de mago torturado por las responsabilidades de su poder en la obra de Rowling. Relato conmovedor hasta lo indecible, escrito en verdadero estado de gracia, Un mago de Terramar y sus secuelas sigue la iniciación como hechicero, pero también como niño y joven que ingresa en la vida adulta, de Ged, apodado Gavilán, hasta convertirse en Archimago y Señor de Dragones. A Un mago de Terramar le siguieron Las tumbas de Atuan y La costa más lejana, a las que años después K. Le Guin añadió Tehanu (1990) y En otro viento (2001). También hay que mencionar dos libros más con historias cortas sobre el mundo de Terramar: Cuentos de Terramar (1999) y Los doce hogares del viento (2001).