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Muere David Antón, el escenógrafo más prolífico de México

Falleció el jueves en su casa de la Ciudad de México, a los 94 años y todavía en activo

David Antón, en diciembre de 2014.
David Antón, en diciembre de 2014.

Adiós al escenógrafo más prolífico de México. David Antón falleció el jueves a los 94 años en su casa de la capital mexicana, según ha informado uno de sus amigos más cercanos, Iván Restrepo, y su pareja desde hace casi medio siglo, Fernando Vallejo. Antón, galardonado en 2012 con la medalla de Bellas Artes del país norteamericano, vivía en la Ciudad de México con Vallejo, uno de los escritores vivos más importantes en lengua española.

Antón no dejó de proyectar escenas y diseñar vestuarios desde principios de los cincuenta y hasta su muerte. Hizo ópera, ballet, teatro comercial, teatro clásico, obras pequeñas, grandes, medianas. "Fíjate que no sé exactamente cuántas, pero una barbaridad", decía, hace justo tres años, a EL PAÍS, en una de las pocas entrevistas que concedió. En un cuaderno tenía apuntados a máquina los títulos y el número de cada año: 1966, 18 obras; 1964, 22. En total, más de 600. "A mi familia, sin ser rica, nunca le faltó de nada, pero me vi envuelto en el trabajo y ya, una tras otra". Como ejemplo, algunas recogidas en el libro En los andamios del teatro (Escenología; México, 2013), dedicado a su carrera: Panorama desde el puente, de Arthur Miller; Bocetos para Lucrecia Borgia, de Alejandro Jodorowski; La hora española, de Ravel; La vida es sueño, de Calderón de la Barca; La traviata, de Verdi; Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado.

Más allá de la escena, la influencia del pintor español Josep Renau (1907-1982), a quien conoció en el círculo de los exiliados republicanos en México —su padre fue un comerciante emigrado a México—, llevó a Antón a profundizar en el mundo de la pintura, en el que ya había dado sus primeros pasos durante su infancia de la mano de su madre, aficionada al arte. Aunque el teatro lo ocupó prácticamente todo en su vida, nunca dejó de lado las artes plásticas.

La medalla del Instituto Nacional de Bellas Artes puso, de alguna forma, un broche de oro para una dilatadísima carrera profesional tanto en México como fuera del país latinoamericano: más de un millar de proyectos lo atestiguan. Sin embargo, nunca recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura que concede el Gobierno federal. "Fue una gran injusticia no haberlo reconocido; lo merecía por mucho", subraya Iván Restrepo en declaraciones al diario mexicano La Jornada. "Era todo un caballero, el caballero de la escena". Antón, sin embargo, no era amigo de los galardones: "Mejor no demos premios", decía en 2014, en conversación con EL PAÍS. "Lo único que necesita uno es amor y un perro".