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La integridad de dos amantes italianos

Atrapa con un tema tan poco de moda que resulta insólito, atractivo y a contracorriente; y tiene un tratamiento que se sale de lo obvio y lo convencional

corazon puro
Selene Camarazza y Simone Liberati, en 'Corazón puro'.

CORAZÓN PURO

Dirección: Roberto De Paolis.

Intérpretes: Selene Camarazza, Simone Liberati, Barbora Bobulova, Stefano Fresi.

Género: drama. Italia, 2017.

Duración: 115 minutos.

¿Qué es la pureza? ¿Dónde nace, de qué se alimenta? ¿Surge siempre en contextos religiosos o espirituales, como un mandamiento, como una regla, o simplemente se lleva dentro, como un don de comportamiento natural, sin imposturas? ¿Es mantenerse virgen hasta el matrimonio o mostrar un corazón limpio ante las duras circunstancias a las que te lleva la vida a cada minuto?

Corazón puro, muy interesante debut del italiano Roberto De Paolis, tiene variadas virtudes: atrapa un tema tan poco de moda que resulta insólito, atractivo y a contracorriente; en los márgenes del cine social europeo, tiene un tratamiento que se sale de lo obvio y lo convencional, y, finalmente, nunca juzga, solo muestra, hasta un final aparentemente abierto que, sin embargo, no lo es tanto. Todo queda cerrado, meridiano, entre la pareja de amantes más distantes del cine reciente: una chica de 18 años de clase media y familia de aspiraciones puras en su educación católica y su voluntariado social, y un treintañero de clase trabajadora y familia disfuncional, cuya vida solo ha visto violencia, desapego espiritual y resquemor hacia el Otro, lindando con el racismo.

Con una excelente banda sonora de Emanuel de Raymondi, con ecos de Arvo Pärt, el director De Paolis, cámara en mano, objetivo siempre a medio metro de la piel de sus criaturas, reflexiona sobre el ideal católico, tan italiano, al tiempo que muestra los recelos surgidos en el país con la masiva llegada de inmigrantes. En medio de un mar de dudas de comportamiento, cada miembro de la pareja de amantes parece otorgar a su compañero justo lo que le falta, completándolo en sus imperfecciones. Hasta un desenlace sorprendente pero exacto en sus consideraciones, nunca verbalizadas, libres para la interpretación de un espectador que llevará hasta sí mismo, hasta su interior, sus conclusiones sociales, espirituales y morales.

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