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Muere el compositor Carles Santos, artista genial y provocador

El creador de Vinarós, agitador de la escena musical y teatral, fallece de un cáncer a los 77 años

Carles Santos en un concierto en Castellón en 2009. Ver fotogalería
Carles Santos en un concierto en Castellón en 2009.

El pianista, compositor y artista multidisciplinar Carles Santos, galardonado en 2008 con el Premio Nacional de Música, ha fallecido hoy a los 77 años de edad, según ha confirmado el Ayuntamiento de Vinaròs, su localidad natal.

Artista genial e inclasificable que transitó por variadísimos caminos musicales y escénicos, sorprendiendo y hasta escandalizando, Santos fue galardonado a lo largo de su prolífica carrera con distinciones como la Cruz de Sant Jordi Generalitat de Catalunya 1999, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes 2007, varios premios MAX de artes escénicas y la Medalla de la Universitat de València.

"Ha sido un artista impresionante, un valenciano universal y una persona comprometida con su tierra", ha escrito en su cuenta de Twitter el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, "Gracias por tu mirada", ha agregado.

La carrera de Santos ha sido una lucha contra ese conservadurismo imperante en el mundo de los conciertos clásicos. Formado en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, inició su carrera como intérprete convencional, pero el encuentro en 1961 con Joan Brossa, que le encargó la música para Concert irregular, en homenaje al 75º aniversario de Joan Miró, le abrió el camino interdisciplinar que ya nunca dejaría de transitar.

En 1968, becado por la Fundación March, viajó a Nueva York, donde conoció de cerca al padre de la performance, John Cage. De vuelta a España, dirigió el Grup Intrumental Català, fundado por el compositor Mestres Quadreny y comenzó a colaborar con los cineastas de la Escuela de Barcelona de los años setenta: Pere Portabella, Gonzalo Herralde, Jordi Cadena, Carlos Durán. Tàpies, Guinovart o Miró figuran entre los artistas plásticos con los que también ha trabajado.

Ha sido en el teatro donde ha conseguido mayor número de espectadores. Arganchulla, Arganculla Gallac (1985), La grenya de Pasqual Picanya (1991), La pantera imperial (1996) o L'adéu de Lucrècia Borja (1991), junto con óperas como Asdrúbila (1992) o Ricard i Elena (2000) -un homenaje a sus padres- le han permitido unir la transgresión musical con la plástica, logrando una obra compacta, de gran aliento y extraordinaria frescura.

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