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Álex de la Iglesia: “Eso de que el cine es una cosa proyectada se lo dejo a señoras mayores”

El director estrena 'Perfectos desconocidos', una tragicomedia con la que asegura: “La pérdida de la intimidad supone la pérdida de la identidad”

Álex de la Iglesia, en la redacción de El País.
Álex de la Iglesia, en la redacción de El País.

Para Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) Perfectos desconocidos es una película extraña en su carrera pero no única: es un encargo y se basa en otra película —la italiana Perfetti sconosciuti (2016), que se rodaba mientras De la Iglesia remata el libreto de su versión—. Él ya había trabajado con mimbres de otros (Los crímenes de Oxford, Perdita Durango y La chispa de la vida): “Por eso no me he sentido raro. Sencillamente, lo llevo a mi terreno”.

Perfectos desconocidos habla de la asfixia de lo políticamente correcto, del lado miserable del ser humano (temas presentes en la carrera del cineasta) y de la dictadura del móvil: “Nunca escribo una historia pensando en el fondo, sino que voy empujando a los personajes y de forma misteriosa ellos generan el sentido de la historia”. Y rápidamente encuentra un ejemplo: “Es como si pusieses a un niño en un arenero y le gritaras: ‘¡Diviértete!’. La vida no funciona así”. Tampoco le atraen los grandes hermanos: “Como defiende mi película, la intimidad es absolutamente necesaria y la pérdida de la intimidad supone la pérdida de la identidad. Tú eres tus secretos, y en el momento en que los pierdes eres un armario vacío. Lo has dado todo en Instagram, Facebook... Estamos jugando con un algo que teníamos antes y que ha cambiado la humanidad a nivel... Asimov. Estamos pensando en coches sin ruedas y en realidad el futuro ya está en nuestras manos, en esa conciencia colectiva, una entidad que tiende a controlar su propio cuerpo, como bien contaba Arthur C. Clarke”.

Y por eso tiene miedo, porque la tecnología pueda devorar a la humanidad. Que desaparezca el lado emocional de la sociedad en detrimento de lo tecnológico. “No hemos mejorado en nuestro sistema de pensamiento, no hemos hecho nada mejor que los clásicos hace 2.500 años. Yo creo que podemos mejorar. Por ejemplo, a través de la cultura, que es un mecanismo para plantear situaciones que te preocupan en un entorno inofensivo. Eso es lo grandioso de una película; te deja mostrar problemas por los que te darías de bofetadas interpretados por otros, y eso te redime y te libera”.

Ahora bien, cuando alguien controla la ficción, “aunque sea por buenismo”, llega la censura. “¿Qué revisarán ahora? ¿Los sueños?”, El actual cóctel —que domina el mundo— en el que se confunde ficción y realidad, el borrado de Kevin Spacey de Todo el dinero del mundo, de Ridley Scott por parte del mismo director, que lo ha sustituido por Christopher Plummer, le enerva. “Claro que me indigna el comportamiento de Spacey, pero la solución no es eliminarlo del cine”. ¿Haría una película sobre la situación política actual española? “No, ellos se bastan a sí mismos, tienen un guionista extraordinario. Luego me dicen a mí que estoy loco”.

Parapetado en su diferencia, en su estilo propio, De la Iglesia lucha por seguir haciendo sus películas. “Espero que Perfectos desconocidos logre una gran taquilla, porque lo merece y porque así será más fácil levantar mi siguiente proyecto. Como la mayor parte del cine español, yo financio una película con la anterior. Tengo varias ideas, guiones... aunque siendo sinceros, ahora mismo estoy recopilando reglas de juegos de rol de los que juego en casa. Veremos qué sale de eso. Me dicen que soy un director prolífico porque este año he estrenado dos películas. Pues mira, este año me han rechazado otras dos. Y uno acaba cansándose”. ¿Y series? “Ahí están las nuevas plataformas. Me encantaría trabajar para ellos. No se me caen los anillos porque mis películas se vean en un móvil. El talibanismo ese de que el cine es una cosa proyectada se lo dejo a señoras mayores y gente muy seria. No lo comparto. Perdonadme, pero yo voy adonde está el público”.