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El demonio en el móvil

No hay bajones ni pasotes en el talento que despliega Álex de la Iglesia

De izquierda a derecha, Belen Rueda, Eduardo Noriega, Juana Acosta, Ernesto Alterio, Eduard Fernández, Dafne Fernández y Pepón Nieto, en 'Perfectos desconocidos'.

PERFECTOS DESCONOCIDOS

Dirección: Álex de la Iglesia.

Intérpretes: E. Alterio, J. Acosta, E. Fernández, B. Rueda, D. Fernández, P. Nieto, E. Noriega.

Género: tragicomedia. España, 2017.

Duración: 96 minutos.

Perfectos desconocidos, me cuentan, es la adaptación muy fiel de una película italiana con el mismo título que no he visto. Y de entrada, siento una notable desidia ante una temática protagonizada por esos aparatos que marcan actualmente hasta extremos enfermizos, obsesivos e inapelables la existencia de la gente. Hablo de cosas al parecer más adictivas que los opiáceos e imprescindibles para sobrevivir (o vivir, en casos afortunados) llamadas teléfonos móviles, que además son presuntamente inteligentes y que ofrecen cataratas de whatsapps, fotografías, correos electrónicos, SMS, Instagram, Facebook, y no sé cuántos más inventos maravillosos de Dios o de Belcebú. Bastante desgracia, angustia y descoloque tengo constatando en las calles, aceras, semáforos, bares, restaurantes, hogares e incluso en la oscuridad de los cines, el siniestro parecido de la realidad con La invasión de los ladrones de cuerpos y otros retratos de zombies aparentemente muy normales, como para prolongar esa estupefacción en una película habitada por lo que ocurre en esos teléfonos y sus consecuencias en la vida familiar, sentimental, amistosa, adultera, profesional y secreta de sus esforzadamente transparentes dueños.

Pero, a pesar de mi alergia hacia el uso de ese mundo que aseguran enriquecedor y fascinante, a los cinco minutos estoy enganchado a las situaciones tragicómicas, tensas, patéticas, surrealistas, corrosivas que plantea esta película impecablemente dirigida, con el ritmo modélico que precisa cada plano y cada secuencia, rodada en un par de escenarios, ágil y sorprendente, muy divertida para los que estamos observando y escuchando a unos personajes con supuesta intensa y ancestral comunicación entre ellos pero que también tienen muchas y turbias cosas que ocultarse.

Cuentan que Álex de la Iglesia se desvía mínimamente del guion original de la italiana, algo insólito en alguien que ha contado tantas veces historias originales. También ocurre a veces con su cine que los arranques y planteamientos brillantes no tienen continuidad y que siendo dueño de un poderoso sentido visual, opta en los desenlaces por el dilatado y gratuito desmadre, que disfruta mucho más con los alardes de su cámara que el espectador. Aquí demuestra en un espacio cerrado que puede ser un narrador sutil, revelador en los pequeños gestos, consciente del valor de una mirada, un pequeño gesto, un silencio incómodo, una elipsis.

El argumento de Perfectos desconocidos lo protagoniza algo tan cotidiano como varias parejas de amigos que se reúnen a cenar en la casa de uno de ellos. Con el aditivo de que en la terraza les espera una noche de eclipse. Y para romper la rutina que pueden deparar esas cenas proponen un juego aparentemente inofensivo y lúdico que acabará en desastre, sabiendo cada uno de sus colegas no lo que no quieren conocer o jamás intuyeron. Miserias, engaños y traiciones entre otras cosas. Eso ocurre al plantar sus teléfonos encima de la mesa al comienzo de la cena para que todos sean testigos del material que va a apareciendo a lo largo de la noche. Y, por supuesto, nada es lo que parece. Y como ocurre en El ángel exterminador, lo que en principio era festivo puede acabar en destrucción. La perfecta sincronización de imágenes y diálogos se complementa con intérpretes que funcionan muy bien, que bordan a sus personajes. No hay bajones ni pasotes en el talento que despliega Álex de la Iglesia en esta película hilarante en varios momentos, incómoda en sus conclusiones. Existe arte en esta adaptación que pudo iniciarse con vocación artesanal.

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