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El mito de Edipo entre las rejas de una prisión

Natalia Menéndez retoma la dirección escénica con 'Tebas Land', una inquietante tragedia del autor franco-uruguayo Sergio Blanco

Natalia Menéndez, en el Teatro Pavón Kamikaze, en Madrid.
Natalia Menéndez, en el Teatro Pavón Kamikaze, en Madrid.

El texto estaba ahí acechante, dispuesto a clavar sus garras a su siguiente presa. Tebas Land, una de los obras dramatúrgicas más exitosas de los últimos años, estrenada en multitud de países, premiada en Londres, alabada en teatros del mundo entero, un relato desgarrador e inquietante del encuentro entre dos hombres, uno libre y otro preso, ha encontrado por fin aquí su preciado botín. Tras ocho temporadas al frente del Festival de Teatro Clásico de Almagro, Natalia Menéndez retoma la dirección de escena con esta obra del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, en un montaje protagonizado por Israel Elejalde y Pablo Espinosa que se representará en el Teatro Pavón Kamikaze, de Madrid, hasta el próximo 7 de enero.

Definitivamente, Natalia Menéndez (Madrid,1967) ha caído en las garras de Tebas Land, escrito en 2012, estrenado en Montevideo un año después, declada obra de interés cultural en Uruguay y premiada como mejor producción en los Off West End London Awards de 2017. Confiesa, sin más, estar enamorada de ese texto que cayó en sus manos de casualidad. Cosas del destino. Un desconocido, tras escuchar por la radio una entrevista con la entonces directora del Festival de Almagro, le hizo llegar la obra de Sergio Blanco. Menéndez se llevó el texto de vacaciones, en el verano de 2015, lo leyó y desde entonces, está atrapada en él, conmovida con una intensidad inusitada. “Es la tragedia más inquietante que he leído en este inicio del siglo XXI, me pasa algo físico cuando lo leo”, dice Menéndez, que atesora un cuaderno comprado en Colombia en el que va anotando, con una letra y un orden primoroso, todas las ideas, reflexiones y vivencias que le surgen con Tebas Land.

La felicidad en una sala de ensayo

Atrás ha quedado quizás la aventura profesional más importante de su vida, siete años y ocho ediciones al frente del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, a pesar de los límites y no solo económicos que ha tenido que gestionar, en los que ha aprendido que en la gestión también hay cabida para la creación y la imaginación. “He dejado la dirección del festival porque creo que ya no puedo hacer más. He aportado todo lo que considero que podía aportar y no soy una persona de quedarme en un lugar y ocupar un sitio por ocupar, asegura Natalia Menéndez, que acomete la dirección de escena con unas ganas desorbitadas. “Mi vida se escribe en una sala de ensayos, la necesito para vivir mejor”, asegura feliz la dramaturga, que dirigió su última obra en 2013, La amante inglesa, de Marguerite Duras, además de la zarzuela La villana, de Amadeo Vives, hace ahora un año.

¿Cómo se empieza a escribir un texto?¿Cómo se comienza preparar un parricidio? ¿Puede la ternura y el buen trato remediar una vida y rehabilitar algún corazón? En el origen de la historia, el mito del parricida más famoso: Edipo, que se va abriendo a muchos planos, a la exploración de los procesos creativos, de la ética y la estética de la representación. En un escenario enrejado, que es a su vez prisión, cancha de baloncesto, sala de ensayos o estudio, rodeados siempre de amenazadoras pantallas y cámaras que vigilan y filman en vivo y en directo, se vivirán los encuentros entre un escritor y un chico que ha matado a su padre a golpes de tenedor. De una tarde de otoño a otra de primavera, lo que empieza siendo la indagación en el alma de un criminal, del que el autor va escribiendo su historia que se representa teatralmente en paralelo al proceso creativo, se acaba convirtiendo, en un encuentro poético y terapéutico para ambos.

Aunque en mundos opuestos, el autor, al que interpreta Israel Elejalde, un hombre temeroso y encarcelado por dentro que no sabe expresar sus sentimientos, y el parricida (Pablo Espinosa, que se estrena en teatro con esta obra), un chico osado y directo, están más cerca de lo que aparentan. Es el joven asesino, con un rosario de perlas de jazmín regalo de su madre, colgado siempre al cuello, quien finalmente le abrirá la mente y las emociones a ese escritor que se niega a si mismo su identidad más personal. Los límites y las fronteras saltan por los aires.

Pablo Espinosa, izquierda, e Israel Elejalde, en un ensayo de 'Tebas Land'. ampliar foto
Pablo Espinosa, izquierda, e Israel Elejalde, en un ensayo de 'Tebas Land'.

“La ternura se cuela sin avisar, la luz y el humor aparecen cuando uno menos se lo espera”, dice Natalia Menéndez. “Me interesa mucho la reelaboración del mito de Edipo que hace Sergio Blanco por el maltrato y no por el abandono o el desconocimiento. El tema del buen trato es algo que me obsesiona mucho y forma parte de mi vida y de mi carrera profesional. Si hubiera menos maltrato en el mundo, estaríamos ocupados en el mundo en hacer cosas mucho más interesantes", asegura la directora para quien el texto nos hace reflexionar sobre lo que pasa con un niño cuando es maltratado o ve los maltratos a su madre. "También nos pone delante del proceso creativo pero no como algo no solo idílico o romántico, sino también como una usurpación oscura. Ese camino que recorren los dos hombres de otoño a primavera es casi un camino de la muerte a la vida. La obra habla de la posibilidad de la rehabilitación y la transformación de un ser maltratado”, va explicando entusiasmada la directora de escena, firme defensora de la estética de la no violencia. “Voy a dirigir este tipo de textos y Tebas Land es claramente un camino hacia el buen trato”.