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Ellos reparten y el público se parte

Del ‘slapstick’ a Fluxus, Tricicle toca todas las teclas del humor en esta desternillante antología a la carta

Desde la izquierda, Joan Gràcia, Carles Sans y Paco Mir, Tricicle.
Desde la izquierda, Joan Gràcia, Carles Sans y Paco Mir, Tricicle.

HITS

Guion, dirección y producción: Tricicle.

Actores: Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans.

Vestuario: Sara Clemente y Marta Palomares.Sonido: Ricardo González. Luz: José Ángel Nieto. Escenografía: Paula Bosch. Coordinacion técnica: Carlos Andrés Rodríguez. . Producción técnica: Miguel Ángel García. Madrid. Teatro Philips Gran Vía, hasta el 28 de enero.

En la república de lo novedoso no cesamos de oír que con la edad se pierden facultades, cuando lo cierto es que la edad nos faculta. Sirva Tricicle como ejemplo: las canas no mermaron la forma física de sus integrantes ni el tiempo restó un ápice de humor a sus gags. Nunca como hoy fue tan perfecto el equilibrio entre las destrezas que exhibe cada uno de los cómicos del trío catalán. Cuando de niño vi a los octogenarios Pompoff y Thedy en el Price, ambos seguían siendo payasos de 24 quilates.

A Carles Sans, Joan Gràcia y Paco Mir les quedan todavía dos décadas para llegar a esa edad. ¿Cómo pueden estar pensando en retirarse? Dicen que Hits es su última aventura escénica juntos, pero confío en que será la penúltima, como esa caña de cerveza a la que luego siguen tres o cuatro más. Suceda en el futuro lo que sucediere, siguen teniendo la misma gracia y frescura que en su debut madrileño, 36 años ha, en la desaparecida sala Cadarso.

Cuando entran en escena, el público les aplaude, como a los directores de orquesta, y a la salida, les estrecha la mano, cual a viejos camaradas a los que espera volver a ver pronto.

El breve número del globo negro, protagonizado por Gràcia, es una acción digna del movimiento vanguardista Fluxus, realizada aquí sin pretensiones, con toda naturalidad, en medio de un espectáculo de variedades humorísticas sin palabras. En la escena del aeropuerto, la observación fina de la realidad se entrevera con la imaginación más surreal. El número de la sala de espera del odontólogo combina el slapstick con una variante inspirada de una entrada de payasos clásica: la del carablanca que le hace una jugarreta al augusto, que se la juega a su vez al contraugusto.

Durante una función de fin de semana (los números representados por Tricicle varían a petición de sus fans a través de su página web), los cómicos lanzaron un buen fajo de ejemplares de la edición impresa de EL PAÍS sobre las cabezas del público, que se resistió a devolvérselos: la prensa analógica goza aún de gran predicamento y sigue jugando papeles que la digital no puede.