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Muere Janine Charrat, bailarina, coreógrafa y directora francesa

Sobrevivió en 1961 al incendio de su tutú y volvió al baile y la creación

La bailarina Janine Charrat, en el festival de Marais en París, en junio de 1964.
La bailarina Janine Charrat, en el festival de Marais en París, en junio de 1964. Cordon Press

La bailarina, directora de compañías y coreógrafa Janine Charrat murió el pasado día 29 de agosto en París a los 93 años; había nacido en Grenoble el 24 de julio de 1924. Charrat acreditaba un catálogo creativo de más de 50 ballets además de una trayectoria escénica que la sitúa como cabeza de su generación, la que propulsó y se estabilizó como la primera del ballet moderno francés anterior a la Segunda Guerra Mundial y de la inmediata posguerra.

Había comenzado su formación muy temprano con Jeanne Ronsay, una reputada especialista en danzas orientales que enseguida vio las posibilidades y temperamento de la niña, que desde los ocho años compuso sus propias danzas y a los 13 ya hacía recitales donde resaltaba su musicalidad. Un año antes, a los 12, formó parte del elenco del filme La mort du cigne (dirigida en 1937 por Jean Benoît-Lévy e inspirada en la novela de Paul Morand, contó con coreografía de Serge Lifar), con María Slavenska e Ivette Chauviré como compañeras de reparto. En esos días ya había pasado por las aulas de Preobrajenskaia, Luvov Egorova y Alexander Volinine, la famosa triada de maestros de rusos de París que completaron su formación.

Entre 1941 y 1944 Charrat se unió al inquieto joven Roland Petit en una serie de recitales experimentales, hasta que estabilizan los llamados Ballets des Champs-Élysées, lo que representó para ella un triunfo muy reconocido con solamente 21 años y el debut de su primer ballet, Juego de cartas, con música de Igor Stravinski. Janine Charrat era ya una excepción en el escenario: menuda, ágil, de gran flexibilidad en una época en que esto no era moda dentro del canon de las bailarinas, con una expresividad comunicativa que a la vez cargaba de lirismo; esto fue lo que enamoró a críticos, intelectuales y escritores. Ella se consideró siempre discípula, en lo expresivo, del propio Lifar, y en 1946 presenta el ballet Cressida, donde bailaba junto a Chauviré para el Nuevo Ballet de Montecarlo. En 1947 en la Ópera Cómica de París (Sala Favart) baila Concerto 3 (Prokofiev) y crea para los Ballets de París que dirige Roland Petit La femme et son ombre y Adame miroir sobre un guion de Jean Genet. En 1951 forma los Ballets Janine Charrat, y ante el éxito, en 1955 recibe subvenciones estatales que la hacen denominar la compañía como Ballets de France; en esta etapa crea Concerto (Grieg) La masacre de las amazonas (Semenov); Heracles, Les liensLas algas (1953), sobre música de Guy Bernard y dramaturgia de Bertrand Castelli. Al mismo tiempo, fuera de su compañía, Charrat trabaja en el Teatro alla Scala de Milán, el Teatro Colón de Buenos Aires, la Ópera de París y el Teatro de la Moneda de Bruselas, donde baila Los siete pecados capitales coreografiado por Maurice Béjart. El trabajo creativo más notorio de Charrat en esta etapa es Abraxas (1949) con música de Werner Egk estrenado en Berlín; también con Egk crea Columbus (1951) y en 1956 hace su propia versión de Los siete pecados capitales en La Scala de Milán con una nueva música de Antonio Veretti. En 1957 idea un ballet muy moderno sobre Bach, Diagramme, estrenado por el Ballet del Marqués de Cuevas y hace su Electra en Bruselas sobre partitura de Henri Pousseur para el Ballet del Siglo XX. Conjuntamente con Béjart coreografía en 1961 Les 4 fils Aymon.

En 1961 una trágica noticia sobre Janine Charrat recorre el mundo y aparece en la primera plana de muchos diarios: su vaporoso tutú se prende fuego en un estudio de televisión durante la grabación de su ballet Las algas y queda lesionada con graves quemaduras; es inevitable la evocación y comparación con la tragedia de la primera bailarina del siglo XIX Emma Livry, que en un ensayo de La muda de Portici en 1862 su tutú se incendió y murió 8 meses después tras una larga agonía.

Charrat tarda un año en recuperarse, pero vuelve a bailar y a coreografiar. Entre 1962 y 1964 dirige el Ballet de Ginebra y crea varios ballets importantes como Tristan (Jef Maes); Pour le temps présent (Schibler) y Alerte (Wissmer). Otras obras suyas que tuvieron en su tiempo mucha repercusión son: L’Enfant et les sortilèges (Ravel, Viena, 1964); Pâris (París, Sauguet, 1964); Perséfone (Gelsenkirchen, Stravinski, 1968); El pájaro de fuego (Stravinski, Viena, 1968); Casanova in London (Egk, Múnich, 1969); Les Collectioneurs (Ópera Cómica de París, Malec, 1972); Offrandes and Hyperprism (Ópera de París, Varèse, 1973).

Sus principales partenaires fueron Miroslav Miskovitch (con quien hizo sus últimas apariciones escénicas como bailarina en una gira por Sudamérica en 1967 y 1968 donde su número estelar era La muerte del cisne) y el austriaco Karl Musil. Su única aparición en un ballet de repertorio fue en Giselle con el Ballet del Marqués de Cuevas, y bailó muchas veces en España, alguna vez incluso con Béjart y Petit, recalando en Madrid, Barcelona, Granada y San Sebastián entre otras ciudades.

Charrat abrió su propia escuela privada en París en 1970 y durante muchos años colaboró muy cercanamente con Irene Lidova, a la que la unía una verdadera y productiva amistad. En 1980 es nombrada directora de la danza del Centro Pompidou, donde permanece hasta 1989 y fue la responsable de la introducción de muchas compañías de danza contemporánea en esa institución. Sus últimos ballets fueron Hecuba para el Gran Teatro de Burdeos en 1982 y en 1987 Palais des glases para el Centro Pompidou. En 1983 funda una nueva y fugaz compañía en el Teatro Cívico de Niza.