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Objetivo abierto por vacaciones

Ocho fotógrafos, entre ellos cinco premios nacionales, cuentan qué hacen con la cámara, o el móvil, cuando llega el verano, la estación más propicia para tomar imágenes

Fotografía de la serie 'Paraíso', tomada en Navaluenga (Ávila), en 2008. Ver fotogalería
Fotografía de la serie 'Paraíso', tomada en Navaluenga (Ávila), en 2008.

A falta de estadísticas, podemos convenir que estos días de asueto y calor son en los que más fotos se hacen de todo el año: ya sea en la playa, la montaña, en la terraza de una ciudad tomando una cerveza, en el pueblo, de paseo por el monte, o matando mosquitos en la Cochinchina. Pero, ¿qué hacen en verano los que habitualmente hacen fotos? Los que se dedican a la fotografía, ¿cuelgan la cámara o siguen con su ritmo? ¿Les gusta salir en las fotos de piscina y barbacoa con la familia y amigos? ¿Les atrae retratar con el móvil? Ocho fotógrafos, entre ellos cinco premios nacionales, de distintas generaciones y estilos, han respondido a nuestro cuestionario polaroid, y varios nos han enviado una imagen tomada en algún verano de sus vidas.

Alberto García-Alix: “O tiro, o me hago vago”

“A todos los sitios voy con la cámara, necesito hacer fotos, aunque luego no me sirvan para nada”, dice Alberto García-Alix (León, 1956), premio Nacional en 1999. El fotógrafo que estuvo en el centro de la movida madrileña, y la retrató, casi no saca imágenes en la capital durante el verano, “sea porque esté de vacaciones o porque ahí está mi oficina”. “Llevar la cámara es una forma de tensar el nervio, así me pongo a dialogar con lo que miro. La pongo en las alforjas de la moto, y para adelante”. García-Alix sigue el hilo de su reflexión: “Tiro constantemente, es mi postura vital, me obligo, porque si no, te ablandas, me hago vago. Entonces me costaría volver a coger la cámara. Ella me presiona para que trabaje”. Esa inquietud constante por disparar no tiene un objetivo fijo: “Miro todo lo que hay alrededor, ya sea la familia, el perro o amigos…”.

 ¿Y hace alguna con el móvil?

-Nunca, el día que lo haga, vamos…

Tampoco le gusta a García-Alix "nada, nada" salir en las fotos. "A veces me veo obligado, y soy condescendiente", ríe. Y remata: "Le tengo miedo a la fotografía porque sé lo que puede dar de sí".

Carlos Pérez Siquier: “Ya no voy al lugar del crimen”

Si hay un fotógrafo español que ha retratado a su manera, irónica, las vacaciones veraniegas es el almeriense Carlos Pérez Siquier (1930) en su serie La playa, de los años setenta. En esa etapa del desarrollo turístico se dio “un festín”. “Captaba a la gente en posiciones inverosímiles, fraccionaba los cuerpos, y como no se les podía identificar, publiqué las imágenes sin problemas”, señala el premio Nacional de 1993.

“Como no estoy sujeto a ningún encargo, soy libre. Jamás me tomo vacaciones de la cámara, pero no soy compulsivo en el verano. Las imágenes te vienen en todas las estaciones. Si llevo cámara, trato de captar lo que sucede en mi entorno y, si no, fijo la imagen en mi cerebro de aquello que merecería la pena haber congelado”. Pérez Siquier, al que le abrirán un museo a finales de septiembre en su tierra, ya no pisa la playa para fotografiar. “Ahora no voy al lugar del crimen, no me interesa la carne ni la invasión proletaria de los móviles”, apunta. Él ha reducido su equipo “al automatismo de una pequeña cámara digital”, con la que le gusta retratar a sus hijas cuando lo visitan, “o a algún ejemplar loco que baja de la colina y recrea sus partes por el paseo marítimo”. Siempre socarrón, es muy difícil verle en una foto: “Procuro prescindir por estética. El paso del tiempo no perdona”.

Cristina de Middel: “El móvil, para tomar apuntes visuales”

Si ha habido un exitazo en el boom de los fotolibros en los últimos años, este ha sido Afronauts (2012), de Cristina de Middel (Alicante, 1975), nombre muy importante en el actual arte de la imagen en España. “Aunque pesa, voy con todo el equipo en la maleta por si surge un trabajo imprevisto”. Este verano ha surgido, con el primer encargo que le ha hecho The New York Timesy que la ha llevado a Trieste. Sin embargo, la mayoría de fotos que toma en el estío, “quizás el 80%”, son con el móvil. “Es más relajado, no tienes que plantearte un discurso, lo haces por el puro placer de disparar y porque me sirve para tomar apuntes visuales”, subraya. “Aunque realmente no tengo vacaciones, porque aprovecho para documentarme de cara a los siguientes trabajos”.

Foto de la serie 'El cuento de las sandías', tomada este agosto.
Foto de la serie 'El cuento de las sandías', tomada este agosto.

De Middel, que empezó a dedicarse a la fotografía “para no salir en ellas”, prefiere en las vacaciones enfocar a sus sobrinos. Sin embargo, recuerda que hace cinco años se embarcó en un divertido proyecto con varios amigos: “Recorrimos España en coche por los pueblos y ciudades con nombre de animal: Truchas, Mula, León... tengo que acabar ese trabajo”. Como su vida está a caballo entre México y Río de Janeiro, afirma que “casi siempre” vive en verano. “Para mí es muy importante el sol, con tantas horas de luz hay más opciones. Si está nublado casi ni salgo”.

Chema Madoz: “En verano hago paisajes”

Calificado por siempre como un autor de poemas visuales, Chema Madoz (Madrid, 1958) “difícilmente” sale con su cámara. Lo suyo es el trabajo en su estudio de Galapagar. “Hago fotos con el móvil que, en muchos casos, son puramente vacacionales, la mayoría de reuniones con los amigos... Y otras, pocas, las utilizo como bocetos. En esas ocasiones tomo pequeños detalles que luego desarrollo en mis objetos. El móvil me sirve así de lápiz y papel”.

En su tiempo de descanso, al premio Nacional de Fotografía en 2000 le gusta más capturar “paisajes”. “Quizás porque hay mucha distancia entre eso y lo que hago habitualmente. No sé si será porque los hago sin personas. No me veo fotografiando figuras humanas. Reconozco que otros saben manejarse bien con los grupos”. Como casi todos los consultados, admite que da un paso al lado cuando alguien le apunta: “No me siento cómodo, me falta naturalidad”. Madoz agradece del verano poder leer y ver películas de las que “tarde o temprano salen ideas” para crear nuevas metáforas visuales con su vieja Hasselblad.

Isabel Muñoz: “El móvil es como la polaroid”

Embarcada en un proyecto de retratos bajo el agua, con plásticos casi como placentas, Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) se marcha a Japón para fotografiar la danza butoh, surgida como protesta del pueblo nipón tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial. En las vacaciones le gusta fotografiar a sus nietos, “si no salen corriendo” y usa su móvil como antes “la polaroid”. Sin embargo, cuando tiene delante una buena imagen y no la puede fijar por no llevar cámara le da “rabia”. Así que el último premio Nacional de Fotografía se está acostumbrando a llevar “una cámara pequeña para esas ocasiones”.

Como casi todos sus colegas, Muñoz es muy tímida ante la cámara. “Posar para otro es un acto de generosidad, de entrega. Lo hago cuando es por un compañero, pero no me veo... Es que la cámara capta muchas cosas y prefiero pasar desapercibida”. Lo que sí le gusta, asevera, es ver “cómo hacen otros su trabajo”.

Daniel Mordzinski: “La fotografía es un pasaporte”

El retratista de los escritores. Así lo definen, con razón. El argentino Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) ha mostrado a los más grandes autores en poses singulares para varios medios, entre ellos EL PAÍS. Mordzinski responde desde San José de Costa Rica, donde va a inaugurar una exposición con retratos suyos de 300 literatos. “Creo que no hay vacaciones sin fotografía, ni fotografía sin un espíritu vacacional”, apunta. Quizás por ello no para de disparar. Mordzinski proclama que, como le hizo ver Susan Sontag, la fotografía “es un pasaporte” que le permite “viajar y conocer gente”, pero cuando llega el asueto prefiere orillar los retratos para centrarse más en los paisajes.

 Ouka Leele: “Me inspiran los bosques”

Bárbara Allende, Ouka Leele para el mundo de la fotografía, fue la autora colorista de la movida madrileña. Ella lleva siempre el móvil a mano porque el peso de la cámara no le gusta. “Con un móvil nadie piensa que estás haciendo algo importante. Te da espontaneidad, y de calidad no está mal. Aunque sueño con el que día en que tenga aún mayor calidad”. Esto no significa que se aparte de su Canon. Nacida en Madrid, en 1957, rechaza la “actual época del exhibicionismo en las redes”. “A mí me apetece más la idea de la cueva, del misterio”. En el estío busca “la inspiración en los bosques, que son un paisaje anímico”, describe. Detesta las fotos veraniegas de la familia y amigos, “esas de vamos a ponernos con la Coca-Cola en la mano”. “Me dicen ‘ponte’, y no lo entiendo, aunque si algún amigo me hace una que me gusta le dejo”.

-Ah, y no me gusta sacar a una señora en traje de baño. Y menos que me lo hagan a mí, qué horror…

Juan Manuel Castro Prieto: “Uso el móvil si voy desarmado”

La estética en blanco y negro de los mejores fotógrafos españoles tiene el sello del laboratorio junto a la Gran Vía madrileña de Juan Manuel Castro Prieto (Madrid, 1958). “El verano es cuando hago más fotos porque viajo”, subraya el premio Nacional de Fotografía en 2015. El resto del año lo pasa, en su mayoría, revelando y positivando las fotos de otros. Para capturar sus imágenes, le gusta andar con una cámara de placas, de 20x25, “una antigua de madera”. “Hago fotos de lo que me rodea, voy a mi ritmo, tranquilo. Este verano estoy haciendo, sobre todo, naturalezas muertas”, señala. El escenario es Cespedosa de Tormes (Salamanca), el pueblo al que acude a ver a su madre. Otro proyecto en marcha es, precisamente, retratar a la gente que acude de vacaciones a la localidad de Navaluenga, en Ávila. A Castro Prieto le gusta aprovechar la luz de las dos o tres últimas horas de la tarde, “es que son fantásticas”.

La cámara del móvil la reserva “para consumo interno”. “Lo uso cuando voy desarmado y no me queda más remedio. Aunque ahora lo estoy empleando como ayuda para un trabajo que se llama Caín, que es una síntesis, una destilación de todos mis trabajos”, explica.

“Lo que no me gusta, ni en verano, ni en invierno —recalca— es salir yo en las fotos”.

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