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“Ya no hay conciencia política en los zombis”

Dario Argento recuerda a su maestro George A. Romero en el festival de Locarno, con la secuela de los muertos vivientes

Fotograma de 'Zombi: El regreso de los muertos vivientes'.
Fotograma de 'Zombi: El regreso de los muertos vivientes'.

En el revolucionario 1968, todo el mundo tenía un mensaje que contar en el cine. El recientemente fallecido director, escritor y actor de cine George A. Romero (Nueva York, 1940-Toronto, 2017) lo hizo imprimiendo una violencia inédita al terror en La noche de los muertos vivientes(1968). “Era un pionero. Supo darle a los zombis personalidad y contenido político con el que mostrar sus ideas progresistas como casi nadie había hecho antes”, cuenta ahora el director Dario Argento (Roma, 1940), icono de este y otros géneros en el cine europeo.

Diez años después, ambos se encargaron de dar continuidad a la saga de muertos vivientes, escribiendo a cuatro manos una secuela titulada en España Zombi: El regreso de los muertos vivientes (1979). El italiano introduce la película estos días al público asistente al Festival de Cine de Locarno, a modo de homenaje a su cómplice. “Éramos muy diferentes y nuestra forma de hacer cine también lo era, pero por eso conectábamos tan bien. Para mí, la película es la muestra de nuestra amistad”, cuenta el director minutos antes de la proyección. Romero y Argento volvieron a trabajar juntos y mantuvieron su relación personal hasta el final, coincidiendo a menudo en proyecciones de sus trabajos comunes.

En esa primera colaboración, las consecuencias apocalípticas a las que se enfrenta la sociedad encierran a un grupo de potenciales víctimas en un centro comercial. La crítica al consumismo de masas que ya dominaba en los setenta y las elevadas dosis de sangre y vísceras enfrentaron la película a la censura.

Aunque el permanente miedo al otro, que es la base de este tipo de relatos, sigue vigente en plena crisis de los refugiados, Argento lamenta que el mensaje se haya quedado por el camino. “Ahora todo ha cambiado. Por un lado la censura no existe en casi ningún país del mundo, pero es que el mensaje político también se ha perdido. Ambos veíamos cosas actuales como la serie The Walking Dead y lo comentábamos a veces. Lo único que queda de las ideas de George es la forma en que mueren los zombis. Apenas hay rastro de conciencia política en los guiones de zombis”, asegura.

¿Acaso es posible asustar ahora a un espectador sobreinformado con los mismos recursos del pasado? Argento no cree que existan barreras: “Para trasladar terror con una cámara, yo siempre me he inspirado en mi subconsciente; en mis sueños y pesadillas. Al ser algo profundo y universal, siempre funciona. No importan las diferencias culturales o generacionales. Con sus películas, George también se enfrentaba a sus miedos, aunque en su caso fueran más sociológicos, y por eso su cine sigue siendo efectivo”.

El triunfo ante la censura

Zombi: El regreso de los muertos vivientes expuso a su director a la crueldad de los críticos pero era Argento, como productor de la película, quien se encargaba de lidiar con los distintos censores. El relevante cambio político que supuso la victoria electoral del socialista François Miterrand en las elecciones francesas de 1981 también cimentó, curiosamente, la amistad de un cineasta estadounidense y uno italiano. “Apenas podíamos proyectarla en cines de Estados Unidos y tuvimos problemas en Italia y muchos países europeos. A George le dolía especialmente el rechazo de Francia. Yo quería lograr que se distribuyera allí, como un regalo para quien era mi ídolo. Por más que yo recortaba escenas y cambiaba el montaje, no lograba que me dieran luz verde”, recuerda.

Dos años después, Argento encontró una nueva esperanza en los periódicos, al leer que Miterrand era favorito para acceder al Elíseo. “Sabía que sus políticas eran menos conservadoras y que sus ministros también lo serían. Llamé a George y le dije que teníamos una nueva posibilidad. Seguimos la noche electoral con especial interés y, al final de la noche, brindé con champán en mi casa por la victoria socialista. Poco después, presenté el montaje original y nos lo aceptaron sin problemas. Después de todo el esfuerzo, pude hacer feliz a mi amigo y viví uno de los momentos más emocionantes de mi vida”.