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Sabor a mar, sabor a ti

'Sapore di sale’ es el paradigma del género a la italiana, un tesoro bastante ignorado

Los cantantes italianos Ornella Vanoni y Gino Paoli.
Los cantantes italianos Ornella Vanoni y Gino Paoli. Mondadori Portfolio via Getty Images

Llaman de la radio. Quieren una pieza, urgente. Se ha matado otro cantante estadounidense; en la Redacción intuyen no sé qué tipo de maldición afecta a los vocalistas de los noventa, la generación grunge. “Oye, no lo veo. Linkin Park no era grunge”. Aparte, han pasado 22 años desde que Kurt Cobain se quitó la vida. Tengo simpatía cero por los suicidas que dejan niños detrás. Los suicidas que tolero, si vale esa palabra, son los que fracasan. En julio de 1963, Gino Paoli se pegó un tiro, apuntando al corazón. La bala, sin embargo, se paró en el pericardio, donde todavía sigue. Paoli sobrevivió.

Acababa de publicar la que sería su canción bandera, Sapore di sale. El retrato de un día indolente en la playa, con chapuzones y besos. De fondo, un pasado arrinconado: “Un gusto un poco amargo / de cosas perdidas / de cosas dejadas / lejos de nosotros”. Un disco soberbio, realizado por Ennio Morricone: arreglo anclado por un bajo robusto, que desemboca en el saxo de Gato Barbieri. ¿Se imaginan lo que pudo ser aquella sesión?

No, aquella sesión seguramente fue rutinaria, business as usual en el estudio de RCA. Los italianos inventaron el concepto comercial de canción del verano. El país experimentaba una repentina prosperidad y la clase media, con coche propio, exigía vacaciones en la costa. El paquete completo necesitaba canciones ad hoc.

El disco de 'Sapore di Sale', de 1963.
El disco de 'Sapore di Sale', de 1963.

La genialidad fue añadir drama competitivo a ese mercado. San Remo funcionaba desde 1951 y sería el modelo a imitar por los infinitos festivales que surgieron en el Mediterráneo. Pero además desarrollaron otros expositores. En 1962, el Cantagiro: un certamen itinerante, a imitación del Giro ciclista. Dos años después, Un disco per l’estate, programa televisivo donde peleaban las novedades pensadas para el consumo estival.

Gran negocio. Ya en 1961, se superó la barrera del millón de copias vendidas de un single, gracias a Legata a un granello di sabbia, de Nico Fidenco. ¿No les suena? Lo entiendo, aquí sufrió un veto radiofónico. En el original, se cantaba ti voglio cullare y eso sugería prácticas indecentes al ansioso oyente español (significa “te quiero mecer”). Fidenco volvería a arrasar en 1964, gracias a Con te sulla spiaggia.

A día de hoy, puede haber registradas 30.000 canciones made in Italy que incluyen en su título las palabras estate (verano), spiaggia (playa), onde (olas) o mare (mar). Una fascinación iniciada en la era de la Democracia Cristiana. Vean los videos de la RAI: tanto Paoli como Fidenco estaban alejados del perfil de Romeo, el primero con gafas culo de vaso y el otro con traje y corbata. Sus acompañantes llevan vestidos púdicos.

Vida de vértigo

Gino Paoli podía ser demócrata pero ciertamente no cristiano riguroso. Casado y con un hijo, se enamoró de la actriz Stefania Sandrelli, entonces menor de edad. Escándalo. Superado por la presión, Paoli quiso acabar con su vida. Ya sabemos que falló; al año siguiente tendrían una criatura, Amanda Sandrelli. La relación no prosperó. Gino se uniría a una diva de la canción, Ornella Vanoni.

Sufrió recriminaciones del Vaticano, que ya le tenía enfilado por Il cielo in una stanza, enorme éxito para Mina. La fantasía popular veía en la letra el encuentro entre dos adúlteros. Paoli debió puntualizar: la inspiración le llegó… en la habitación de un prostíbulo.

Luego, la vida vertiginosa. Problemas con drogas y alcohol. Diputado disidente, durante una legislatura, tras presentarse en las listas del Partido Comunista Italiano. Ya en el presente siglo, se reinventó con músicos de jazz. La habilidad para explotar su repertorio explica que sus colegas autores le eligieran presidente del equivalente italiano de la SGAE. Dimitió en 2015, tras ser acusado de evasión fiscal.

El de la radio me ha escuchado con paciencia. “Pues sí, una biografía fascinante pero aquí a nadie le interesa la música italiana. Céntrate en la maldición del grunge. Prepara un reportaje de tres minutos”. Vale, pero lo alargaré a 3.30. Justo lo que dura Sapore di sale.

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