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Entrevista:MÚSICA / Entrevista

Gino Paoli, en busca de la canción perfecta

El músico ha construido una intensa obra musical sin renunciar a su proyección popular. El artista italiano celebra sus 50 años de creación con un nuevo disco y lamenta que la música que se hace ahora sea "más business que pasión"

Desde hace medio siglo las canciones de Gino Paoli (Monfalcone, 1934) tienen reservado un lugar destacado en el dispensario sentimental de la sociedad italiana. Composiciones como Il cielo in una stanza, Sapore di sale, Senza fine o Che cosa c'é han puntuado la Italia del milagro económico que Luchino Visconti radiografiaba en blanco y negro con Rocco y sus hermanos y Vittorio Gassman recorría frenéticamente en La escapada. Una Italia que abría las orejas y recibía con sorpresa los temas existencialistas que cantaban los portavoces del pop intelectual, los cantautores -el término tiene aquí su acta de nacimiento- con su desasosiego anímico y actitud inconformista. Domenico Modugno había lanzado su Volare en el Festival de San Remo anunciando el despegue de la nueva canción tricolor y en Génova, una serie de intérpretes-autores, Bruno Lauzi, Umberto Bindi, Luigi Tenco, Sergio Endrigo, Fabrizio De Andrè y Gino Paoli, recogerán el testigo de la nueva ola. Cantantes como Mina y Ornella Vanoni transforman esta canzone diversa en pequeñas obras maestras de lirismo y consumo televisivo mientras comienzan a destejerse algunos corsés morales. "Para mí la evolución en estos cincuenta años", señala Gino Paoli, "ha sido bastante negativa. Cuando yo comencé en aquellos años sesenta, había mucha más pasión y mucho menos business, ahora sin embargo, tenemos muchísimo business pero a cambio poquísima pasión. Hoy en día lo que se busca es que el producto sea rentable como una pastilla de jabón. Tenemos otro discurso, que forma parte de un método donde no se trata la cultura como una inversión a largo plazo, sino que las inversiones tienen que ser a corto plazo, y esto también sirve para la canción, un producto de venta que se consume rápidamente, y luego se desecha". En 1963 en las radios de media Europa se escucha el saxo de Gato Barbieri subrayando la canción Sapore di sale, un canto de vibrante sensualidad que ha dejado la relación entre el músico y una joven actriz llamada Stefania Sandrelli. La canción lo posiciona como el abanderado de un neorromanticismo musical que ha segregado en este medio siglo algunas de las más bellas palabras de amor de la canción popular italiana. "Es verdad", dice Paoli, "que a menudo el artista encuentra una fórmula y después la repite toda la vida, construyendo sobre esa fórmula original. Para mí el artista es un creador de preguntas, un fabricante de interrogaciones, y estas nunca se acaban porque cada día la vida te ofrece preguntas. Por lo que respecta a mí, al menos como artista, trato de no escribir las mismas cosas, siempre busco algo más, plantearme otras preguntas". Es sin duda esta búsqueda la que le ha conducido a escribir una canción como Il Pettirosso contenida en su último álbum, Storie, donde cuenta el intento de violación de una niña por un anciano que muere antes de realizar su terrible acto despertando la piedad de la pequeña ante el cadáver del hombre. Frente a la polémica suscitada por su canción, el cantautor ha defendido el papel del creador y ante las cámaras de la RAI ha rechazado las acusaciones de indulgencia hacia los pedófilos que desde algunas tribunas le han lanzado. "Empecemos diciendo una cosa: creo en las preguntas, no en las respuestas. Un hombre decente debe hacerse preguntas, y frecuentemente responder con otras preguntas. Los que llevan las respuestas en el bolsillo, mi experiencia me dice que no son los mejores, por eso prefiero cultivar las dudas, no las certezas".

Una infancia marcada por la Segunda Guerra Mundial y la muerte, una primera vocación plástica como pintor, que nunca ha abandonado, y el descubrimiento de la canción como instrumento expresivo y forma de ganar dinero. Paoli hará el tránsito de una vida bohemia, que quedará memorizada en la melancólica balada La gatta, al mundo de las fans y los festivales de música. "Mis raíces musicales son el jazz, la canción francesa, desde luego la canción popular italiana, pero también está la ópera, la música sinfónica y otras referencias. Creo que el artista es alguien que va embotellando una serie de informaciones, que luego van madurando, pero después, todo este magma, todo esto que ha ido almacenando tiene que salir, transformado en otra cosa". Como a otros intérpretes italianos, la herencia francesa de los Brassens, Ferré y Brel le servirá de cabecera musical dejando una excelente versión del casi intocable Ne me quitte pas (Non andare via) mientras difunde las canciones de Serrat, traduciendo, entre otras, Mediterráneo, una canción que ha acabado por formar parte de su repertorio, como expresión de su paisaje vital, la Liguria. "Para mí el Mediterráneo significa tener los pies en el agua. He nacido y he vivido con los pies en el agua. Para mí Mediterráneo también significa sentirte más próximo de un catalán o de un marsellés que de un milanés o de un parisino, porque el mar acaba dejándote una huella, y el Mediterráneo lo hace de una manera muy particular".

Integrante de una generación que buscaba dar a la canción una dignidad expresiva a través de la música y los textos, reconoce que "no se puede escribir eso que llamamos la canción perfecta". "La canción es un flash emocional, la traducción de unas emociones, de algo abstracto, que trata lo más posible de acercarse a esas emociones, aunque sin llegar a conseguirlo totalmente. Quizás la canción que más se ha acercado a atrapar esas emociones que quería expresar ha sido Sassi".

En un mundo o negocio musical donde los artistas se dividen en dos categorías, aquellos que no se mercantilizan y el resto, Paoli ya hace tiempo que decidió formar parte del primero por higiene mental. Una elección que le ha procurado algunas épocas de ostracismo musical, quizás por esa naturaleza anárquica y libertaria, heredera de aquella mauvaise réputation brasseniana que ha querido reflejar en el gato, objeto de atención en alguna de sus composiciones. "Me gustan los gatos porque son la representación de lo que yo entiendo como la libertad. Para mí la libertad no es el estado del tigre en la jungla, para mí la libertad es la capacidad de ser libre donde hay restricción, y el único animal que saber vivir, sin importunar, en un espacio restrictivo, conservando su total libertad, es el gato, por eso me gusta". A sus 75 años rehúye con vehemencia la etiqueta de clásico. "Nunca me he sentido un clásico, tengo la pretensión de continuar estando vivo, no quiero convertirme en un monumento, quiero ser una persona, que sigue viva, que continua buscando, preguntándose". Quizás en un instante de locura de esa búsqueda existencial hace 47 años decidió pegarse un tiro en el corazón. Afortunadamente, no era el día señalado y solo le dejó el recuerdo de un pedazo de plomo alojado en su cuerpo. Quizás un día dé con esa canción perfecta que traduzca con exactitud sus emociones. Y sigue cantando con su grupo de jazz en pequeños clubes canciones de Chet Baker y a la gata que tenía una mancha negra... -

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Storie. Gino Paoli. www.ginopaoli.it

Crónica sentimental en 10 temas

1Il cielo in una stanza

Para la leyenda ha quedado la grabación de Mina. Después de registrarla en el estudio toda la orquesta se pondrá de pie aplaudiendo mientras algunos no pueden contener las lágrimas en los ojos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2010

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