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Un canto al diablo en Galicia

El Resurrection Fest convierte Viveiro, pequeño pueblo gallego, en una de las capitales europeas del 'metal'

Concierto de la banda alemana Rammstein en el Resurrection Fest de Viveiro (Lugo).
Concierto de la banda alemana Rammstein en el Resurrection Fest de Viveiro (Lugo).

Como tantas historias de éxito, el Resurrection Fest es el resultado de una frustración. Como en tantas historias de éxito, sin esa frustración no hubiera sido posible este cuento fantástico.

Es el año 2006. Un adolescente metalero sueña con traer a su pueblo, Viveiro, a su grupo favorito, los neoyorquinos Sick Of It All. Se presenta en el Ayuntamiento con otro colega y una lista en la que, además de la banda de sus amores, se incluyen nombres como Twenty Fighters, Walls of Jericho, Anal Hard. El chico, Iván Méndez, tuvo suerte en el Ayuntamiento; el alcalde era Melchor Roel, miembro del Partido Comunista uruguayo, detenido en la dictadura de su país a los 18 años y expulsado a España después de tres años de cárcel. Cercano al movimiento sindical, a las asociaciones juveniles y regidor durante diez años, hasta la muerte: un cáncer de pulmón que anunció en un pleno se lo llevó en cuestión de meses. Roel dejó un recuerdo imborrable en Viveiro, el más clamoroso de ellos su apuesta por Iván Méndez e Iván Pérez para organizar el Resu, un festival que ha llevado el nombre de Viveiro por todo el planeta.

El primer cartel era tan alucinante para el público gallego que muchos, reconoce Esteban Girón, miembro del equipo desde el principio, dijeron que no lo creerían hasta que no lo viesen. Y no lo vieron. Dos días antes de que empezase el que iba a ser Summer Fest, los Sick Of It All se dieron de baja y frustraron la fiesta. Para los que no terminaban de creerse que unos chicos de 17 años armasen un cartel así en un pueblo desconocido para la escena del heavy metal, que se anunciase su suspensión por un problema médico de un integrante de Sick Of It All (Hartos de todo, traducido al español) era un cierre a la altura.

Ocurrió que volvieron a los pocos meses, ellos y los demás, y el festival ya no era Summer Fest: era el Resurrection.

Asistentes a un concierto del Resurrection Fest, en Viveiro (Lugo).
Asistentes a un concierto del Resurrection Fest, en Viveiro (Lugo).

Doce años después, por Viveiro, viejo esplendor del turismo del norte español, han pasado ya Iron Maiden, Offspring, Bad Religion o Rammstein, el grupo alemán que reventó este sábado el festival; un concierto épico que levantó del escenario al cantante, sobrevolándolo gracias a unas enormes alas que despedían fuego. Fue un espectáculo que trajo a Galicia 12 tráileres propios con los que llenaron de llamas y humo el Resurrection: el mayor del mundo del metal, y que se unió a Anthrax o Arch Enemy como cabezas de cartel. Una cita al nivel de lo que se ha convertido Viveiro en una década: una de las grandes capitales europeas del hardcore, del metal, del punk, del rock, un tranquilo pueblo turístico de 16.000 habitantes por el que pasan más de 80.000 personas en cuatro días. Una logística brutal para poner a dormir y dar de comer y beber a un público procedente de más de 20 países, familias enteras que llegan a Galicia para vivir una pasión heredada de padres a hijos. Como Natalie y Sam, que el jueves esperaban su turno en la barra: "Es el tercer año. En este nos hemos encontrado con que hay espacio para los niños y la selección de música sigue siendo increíble. Por supuesto, seguiremos de ruta por Galicia", dicen. Vinieron con dos niños ("aún no se enteran mucho") y prefieren no probar el calimocho. "Somos de whisky". También son de Boston.

Ánxel Iglesias y Tino Arís, dos veteranos del Resu (Ánxel acude desde la primera edición), explican el proceso de adaptación. "La acogida siempre fue buena, pero al principio es normal que en el pueblo, sobre todo los hosteleros, se mirase con expectación a tantos tipos que llegábamos de fuera. Greñas, camiseta negra y cadenas, música muy ruidosa, mucha caña, mucho grito de Dios…", dice. Hoy el Resurrection es una bendición —entre tanto canto al diablo y tanto apocalipsis— caída de cielo. Se calcula un retorno de más de diez millones de euros, falta tierra en la que poner una tienda de campaña y la comarca entera, A Mariña, se ve beneficiada.

En la historia de las religiones, la del metal es la única que llena conciertos para invitar a morir otra vez, y resucitar mejor.