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El triunfo de la derrota solidaria

Con una puesta en escena, montaje y electricidad emocional que parte de Michael Bay, Peter Berg ha añadido unas gotas del lirismo del Michael Mann más digital

DÍA DE PATRIOTAS

Dirección: Peter Berg.

Intérpretes: Mark Wahlberg, Kevin Bacon, John Goodman, J. K. Simmons.

Género: thriller. EE UU, 2016.

Duración: 130 minutos.

Estados Unidos, su sociedad y su cine siempre han tenido una capacidad especial para convertir las derrotas en triunfo, para agarrarse a algunos de los valores asociados a un determinado acontecimiento o suceso, rotar en el apartado afectivo, y que el recuerdo legado sea radicalmente opuesto a cómo apuntaban las cosas desde el inicio. Una teoría en la que podría ejercer de paradigma la derrota en la Batalla de El Álamo, llevada al cine por John Wayne en 1960, y convertida en mito de la resistencia y el compromiso a unos ideales.

Una sistemática en la que pretende asentarse el director Peter Berg, con la ayuda de Mark Wahlberg en la interpretación y en la producción, que parece estar desempeñando el papel de nuevo apóstol de los valores del americano medio, del heroísmo cotidiano, de la solidaridad asociada al impulso en el gran instante, en la acción y no en el discurso. A El único superviviente (2013), ambientada en Afganistán, basada en hechos reales y documento ensalzador de los Navy Seals, y Marea negra (2016), de nuevo suceso real, loa al valiente anónimo en medio de una catástrofe medioambiental sin precedentes, Berg, que ha logrado domar la fiera audiovisual que lleva dentro, añade Día de patriotas (2016), gloria al espíritu de la ciudad de Boston tras el atentado durante la maratón del año 2013. Una película con la que incluso emociona.

Con un estilo de puesta en escena, montaje y electricidad emocional que parte, en principio, de Michael Bay, Berg ha añadido unas gotas del lirismo de la violencia del Michael Mann más digital, y se adueña de la situación. Así, aunque la estructura y el retrato de personajes de Día de patriotas no vaya más allá de una puesta al día del cine de catástrofes de siempre, se atreve incluso a introducir al villano (en este caso, los terroristas y su familia) en forma de ser humano, y no de simple sombra sin matices.

El director de Very bad things y La sombra del reino siempre ha sido un director de cine de acción, y la espectacular secuencia entre terroristas y policías enfrentados en Watertown así lo demuestra, pero esta vez integra, además, un sugestivo elemento nuevo en materia narrativa: las secuencias reales de las cámaras de seguridad, por las que los hermanos Tsarnaév fueron cazados. Una vigilante realidad reintroducida que nos lleva al momento más mágico, absurdo y doliente de la película: ver que un terrorista que acaba de provocar una masacre es capaz de salir de casa cuatro horas después para comprar un cartón de leche.

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