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A la liberación por la pornografía

El arte del finlandés Touko Laaksonen, alias Tom de Finlandia, proporcionó a la comunidad homosexual un imaginario que parecía una puerta abierta a un mundo ideal

Fotograma de 'Tom of Finland'.

TOM OF FINLAND

Dirección: Dome Karukoski.

Intérpretes: Pekka Strang, Seumas F. Sargent, Lauri Tilkanen, Jan Böhme.

Género: biopic. Finlandia, 2017

Duración: 115 Minutos.

La brasa de un cigarrillo colocada a la altura de una entrepierna era un signo de invitación inequívoco en la oscuridad de los parques públicos del Helsinki de posguerra: un espacio público reciclado como zona de cruising en un contexto donde el deseo homosexual masculino se veía obligado a desarrollar sus propios códigos en clandestinidad, bajo la perpetua amenaza de la represión policial. Como si el deseo fuera algo parecido a los planos secretos que debía transportar un espía en zona hostil.

Años más tarde, una ilustración de Tom de Finlandia, con sus musculados hombretones entregados a los más felices juegos lúbricos, colgada en el interior de la taquilla de un gimnasio sería otro mensaje en clave susceptible de propiciar complicidades inesperadas. El arte del finlandés Touko Laaksonen, alias Tom de Finlandia, proporcionó a la comunidad homosexual un imaginario que parecía una puerta abierta a un mundo ideal donde la sexualidad se vivía como incesante juego sin culpas, un espacio de edénica carnalidad en el que toda instancia represiva había sido radicalmente abolida. Los hombres de Tom de Finlandia, sancionados como carne pornográfica por casi toda mirada situada fuera del código, marcaron un punto de ruptura en el seno de una cultura homosexual que pudo contemplar cómo el talento de un único artista rompía con el tópico que asociaba la atracción de un hombre por otro con el afeminamiento. Sus personajes eran rabiosamente masculinos, obscenamente saludables y se entregaban a rituales de dominación y sumisión con la luminosa pureza de una pandilla de niños que saben que, en el fondo, todo es un juego y no hay nada sórdido mientras exista consenso y celebración igualitaria del placer.

Tom of Finland, el biopic de Dome Karukoski, narra el camino entre la brasa del cigarrillo y el dibujo lúbrico en la taquilla del gimnasio como una aventura épica de camaradería y liberación colectiva. La película se divide entre el pulso contra la invisibilidad en un Helsinki iluminado con perpetuos tonos de Guerra Fría y la exaltación dionisíaca bajo el sol californiano a los sones de la música disco. El cineasta propone una solución brillante al puntuar, con planos detalle del sensual roce del lápiz sobre el papel, el encuentro con cada imagen inspiradora para este artista que valoraba sus resultados según la consistencia de sus erecciones. Su trazo idealizaba. El biopic como género, también. Ambas idealizaciones tienen aquí una clara intencionalidad política.

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