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Con burka y a lo loco

Una comedia protagonizada por un hombre que se disfraza con el velo integral despierta la polémica en Francia

Fotograma con los tres protagonistas de 'Cherchez la femme'.
Fotograma con los tres protagonistas de 'Cherchez la femme'.

Fue una idea grotesca que acabó cobrando sentido. Cuando Sou Abadi, conocida hasta ahora como realizadora de documentales, empezó a preparar lo que iba a ser su debut en la ficción, escogió como referente su comedia favorita, Con faldas y a lo loco. Pero decidió sustituir a los dos músicos de jazz que se travestían para escapar a la mafia en el clásico de Billy Wilder por otro tipo de personaje travestido: un joven que se esconde bajo el niqab, el velo integral que solo deja una rendija al nivel de los ojos, para poder seguir viendo a su amada, enclaustrada por un hermano fundamentalista. Este es el punto de partida de Cherchez la femme, que ha llegado a los cines franceses esta semana, envuelta en la expectación y la polémica.

En la película, Leila y Armand, estudiantes en una de las universidades más elitistas de París, se preparan para marcharse a Nueva York a terminar sus estudios. Hasta que Mahmoud, el hermano de la protagonista, regresa de un viaje de diez meses a Yemen, durante el que se ha dejado tentar por el islamismo. Le quita a Leila su móvil, la encierra en su habitación y le prohíbe seguir viendo a su novio, hijo de refugiados políticos iraníes. Armand encuentra entonces la solución perfecta: esconder su cuerpo bajo el velo islámico y hacerse pasar por Sherezade, una joven muy pía que le pide a Leila que le dé clases particulares. Las cosas se complican cuando Mahmoud, intrigado por esa muchacha que recita el Corán de memoria, se enamora de ella e insiste en pedir su mano a su familia.

Si Abadi transformó este asunto espinoso en vodevil fue porque los debates sobre el velo integral le resultaban cómicos. “En Irán, las mujeres luchan por no tener que llevarlo, mientras que en Francia es al revés”, bromea la directora (en su país de acogida, lucir el burka y el niqab está prohibido desde 2011 y castigado con una multa de 150 euros). La directora, francoiraní de 49 años, llegó a París de adolescente escapando al régimen de Jomeini. “Viví los primeros años de la Revolución Islámica, que fueron años negros. A mi tío lo torturaron en la cárcel y tengo familiares que fueron ejecutados”, relataba este viernes. “Sin embargo, esa dimensión trágica me parece suficientemente conocida. Preferí reírme de esa violencia”. Para Abadi, adoptar un registro cómico sirve para sentir menos miedo. “Y para decir hasta qué punto esa visión de la espiritualidad me parece atrasada y ridícula”, apostilla. “Viniendo de una familia de confesión musulmana, me sentí legítima para hacerlo”.

Cherchez la femme llevaba semanas arrastrando la polémica en las redes sociales. Desde que su tráiler se estrenó a principios de mayo, las amenazas se habían multiplicado. “Hubo insultos y reacciones violentas. Me trataron de racista, xenófoba y sionista. En realidad, nadie había visto la película terminada, ni siquiera mi equipo. En cuanto se ha estrenado, se ha entendido que no contiene ningún insulto. No me río del Islam, sino del integrismo”, explica Abadi. Asegura que, durante los preestrenos de la película en todo el territorio francés, la reacción ha sido muy positiva. “Al final de la película, los musulmanes vienen a darme las gracias. Me dicen que, por fin, alguien ha conseguido hablar de este tema con humor. No he querido ridiculizar la religión, sino una visión oscurantista de la realidad”, dice la directora. La directora también mostró la película a su familia, “donde hay personas que peregrinan a la Meca”. Todos ellos reaccionaron igual: con carcajadas.

En realidad, su película no deja títere con cabeza. “Me río de todo el mundo. De mí misma y de mis padres, de los comunistas y las feministas, pero también de la élite de la sociedad francesa. Intento buscarles las cosquillas a todos”, responde la directora. Abadi coloca a salafistas neoconversos en su objetivo, pero también a esos ciudadanos bienpensantes que han convertido el laicismo en su religión particular y no dudan en aleccionar permanentemente a su prójimo. Sin abrazar lo políticamente correcto, la película concluye con un mensaje de reconciliación que impedirá que moleste a sus espectadores más susceptibles. La única parte realmente subversiva de esta trama se encuentra en “un final alternativo y virtual, donde Armand y Mahmoud terminan juntos”, como apuntó la crítica de Libération. Pero eso ya habría sido harina de otro costal.