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COLUMNA

La posible paternidad de Dalí: un acontecimiento surrealista

Dudo que el artista depositara alguna gota de su divino esperma en el vientre de otra mujer

Salvador Dalí, en los años 50.rn Ampliar foto
Salvador Dalí, en los años 50. AFP

El galerista colombiano Carlos Lozano, homosexual desinhibido que quizá sabía más del Salvador Dalí íntimo que nadie, siempre mantenía que el pintor era en el fondo un gay incapaz, por miedo visceral, de asumir su condición como tal. “No aguantaba que nadie le tocara —me explicó un día en Cadaqués—. Menos Gala, claro. Cuando te cogía del brazo era como si tuviera una garra en vez de una mano”. Lozano recordaba, riéndose, las “orgías” que organizaba el pintor en su casa de Port-Lligat y a las cuales él había asistido con frecuencia. Juergas protagonizadas por hermosos jóvenes de ambos sexos, seleccionados por el anfitrión, y en las cuales este sólo participaba como voyeur, a veces masturbándose semiescondido en un rincón.

Dalí temía profundamente, con razón, haber heredado una tendencia paranoica. En ninguno de sus escritos autobiográficos explica que le ocultaron que su abuelo paterno Galo Dalí Viñas, víctima de una manía persecutoria, se había suicidado en Barcelona en 1886, tirándose de una ventana a la edad de 36 años mientras gritaba que la policía le iba a detener.

La prima de la artista, Montserrat, me aseguró que Salvador solo se enteró de la verdad del caso cuando el artista tenía 27 años, y que el descubrimiento le aterró, pues vino a confirmar lo que ya sospechaba.

Para aquellas fechas, además, había leído en su admirado Sigmund Freud, o pronto lo haría, la tesis de que la paranoia es una defensa contra la homosexualidad. Con lo cual todo se aclaraba. Su relación con Federico García Lorca le había llegado a producir un hondo desasosiego.

Le amaba, sí, incluso intensamente, pero la insistencia del poeta en poseerle le producía pánico. La solución llegó en 1929 con la epifanía de Gala. A partir de entonces pudo ir por el mundo del brazo de una mujer deslumbrante y seductora. El hecho de que la relación fuera poco satisfactoria sexualmente era, para el pintor, lo de menos. Y sabemos que Gala siguió con sus amantes casi hasta la muerte.

¿Logró Dalí depositar alguna gota de su divino esperma en el vientre de otra mujer, aunque solo fuera una vez? Es posible, aunque lo dudo mucho. De todas maneras, desenterrar su cuerpo en busca del necesario ADN, no dejaría de ser un acontecimiento auténticamente surrealista.

El hispanista Ian Gibson es autor, entre otras obras, de la biografía La vida desaforada de Salvador Dalí (Anagrama).

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