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No sé dónde puse la cabeza

Javier Manzanera y Celia Nadal conmueven al público con un espectáculo sobre la fragilidad, la inmigración y los desahucios

Escena de 'Mudanza'.
Escena de 'Mudanza'.

LA MUDANZA

Autores e intérpretes: Celia Nadal y Javier Manzanera. Música: Santi Martín. Audiovisuales: Jaime Carrión. Artesanía: Juan de Arellano. Vestuario: María Cortés. Iluminación y dirección: Joao Mota. Compañía: Perigallo Teatro. Madrid. Teatro Lara, 22 y 29 de junio.

Una pareja de fotógrafos, a tres días de la fecha que un juzgado fijó para su desahucio, se ve sin el techo previsto: la amiga que iba a cobijarles, ha perdido su trabajo y necesita una habitación extra, para montar su oficina. La mudanza, de Celia Nadal y Javier Manzanera, es una comedia dramática conmovedora, inspirada en la precariedad que generaron la carestía de la vivienda, la alta tasa de paro recurrente y la reducción salarial, que afecta a los profesionales liberales con especial virulencia.

Manzanera y Vidal, núcleo de la compañía abulense Perigallo Teatro, suelen abordar temas sensibles sin sensiblerías, de manera positiva siempre, con escéptico optimismo, pero sin dejar de mirar de frente al dolor. Algo tienen sus espectáculos que toca el corazón del público: La mudanza acaba de celebrar su función número 200, cifra que pocas compañías de postín y con grandes nombres logra.

El lema de Paco y Emilia, sus protagonistas, que van afrontando reveses apoyándose en la sinceridad de su amor mutuo, en la chispa de deseo que sigue habiendo entre ellos y en su inveterado sentido del humor, podría ser: “A mal tiempo buena cara”. La mudanza habla de un proceso de despojamiento, pero también de un regreso a lo esencial de la vida cuando las circunstancias apremian y de la circularidad del tiempo: lo que a esta pareja le sucede no difiere mucho de lo acontecido 50 años antes a Mari Carmen y Emilio, abuelos de Emilia, emigrados a Alemania.

Joao Mota ha puesto el texto en escena con transparencia, sencillez y la convicción absoluta de tener entre manos estupendos actores y mejor material dramatúrgico si cabe. A pesar de que La mudanza tiene una dimensión plástica y una limpieza formal difícilmente apreciables en el pequeño espacio escénico de la sala Membrives del madrileño teatro Lara, acaba provocando una emoción sincera, palpable en los aplausos que el público le dedicó en la función a la que asistí.

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