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El Prado descubre un ‘goya’ guardado en el museo de Zaragoza

'El éxtasis de San Antonio Abad' entró en la institución en 1925 y se desconoce su procedencia anterior

'El éxtasis de San Antonio Abad'.

Que Goya no deja de sorprender, no es un comentario de un guía durante una visita a un museo. Es una realidad: este miércoles se ha confirmado la autoría de una nueva obra del Museo de Zaragoza, la semana pasada apareció una inscripción que da título a uno de sus dibujos que se conserva en el Museo del Prado. "No a todos conviene lo justo", reza. Y justo es que El éxtasis de san Antonio Abad o Muerte de san Antonio Abad (datada entre 1778 y 1781, según Manuela Mena, jefa de conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado), atribuido indistintamente, según épocas, a Manuel o a Francisco Bayeu, incluso, al propio Goya —según afirma María Luisa Arguís, conservadora de Bellas Artes de la institución—, se haya presentado este miércoles en el museo por el presidente del Gobierno de Aragón Javier Lambán como obra de Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746-Burdeos, 1828).

El acto ha estado avalado por Mena, y por Almudena Sánchez, restauradora de la pinacoteca, que ha trabajado de tú a tú con la obra del maestro aragonés. En palabras de Ignacio Escuín, director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, esta mañana, Sánchez “ha dado una lección de restauración" cuando ha explicado los procesos que se han llevado a cabo en el Prado desde otoño de 2015 hasta el pasado 3 de mayo, cuando el goya volvió a Zaragoza.Tanto ella como  Mena, jefa de conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Prado, sostienen que la pintura estaba en un buen estado de conservación, pero necesitaba una limpieza. Estaba muy oscura, culpa de los barnices que impedían ver la “jugosidad, fuerza y el color de las pinceladas”, dice entusiasmada Mena, que habló este miércoles con EL PAÍS recién llegada de Zaragoza, donde insiste que esa misma mañana había descubierto unos trazos en el manto del santo que no había visto antes. Incide con pasión: “Está terminado con una ligereza, una pincelada más líquida. Muy pocos autores consiguen esto”. Mena y Sánchez han observado a diario el óleo “y así es cómo se conoce a los artistas”.

El lienzo está formado por dos trozos de tela cosidos. El reciclaje de materiales era una práctica habitual en este pintor, y en otros de la época, incluso cuando trabajaba en la corte. Lo peculiar de esta costura es que es en diagonal, como si hubiera utilizado restos de lienzo. Lo que prueba que la obra fue realizada por Goya para alguien de su confianza y no para su venta. La idea de que los restos de cera que había en el lienzo signifiquen que estuvo en un oratorio no son más que elucubraciones para Mena, ya que se desconoce todo sobre la obra anterior a 1925 cuando entró al museo procedente de “un particular de Zaragoza”, afirma el director del museo de la capital aragonesa, Isidro Aguilera. No es extraña, tampoco, la ausencia de rúbrica, ya que Goya comienza a firmar sus obras en una época posterior, cuando ya es consciente de su relevancia.

Al buen pálpito que ya tenían los técnicos del Museo de Zaragoza, se unió el de Mena cuando lo vio, pero no se ha afirmado con rotundidad hasta que han acabado los análisis y los trabajos realizados en el taller de restauración.

La evolución vista en un árbol

Además de las características estilísticas, también ha resultado fundamental para atribuir la autoría la existencia de una obra homónima realizada por Goya 10 años antes en Roma, donde copió a Corrado Giaquinto. Esta pintura pertenece hoy en una colección particular. Mena destaca que la evolución de esa década se aprecia en la distinta manera del pintor de ejecutar el árbol. En Roma intentó copiar al pintor italiano; la que realiza en Madrid, cuando ya estaba trabajando en los tapices, “es más él”, afirma Mena.

Este San Antonio Abad aumenta la ya numerosa colección de goyas —un total de 18 lienzos y multitud de obra gráfica— del Museo de Zaragoza, una de las más importantes de España junto con la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, por supuesto, por detrás del Prado. La institución aragonesa, además, presentaba este miércoles una reestructuración del discurso museológico de las salas dedicadas a quien, como ha dicho su director, Isidro Aguilera, es el aragonés más universal. Ahora el recorrido es cronológico, temático y técnico y el nuevo goya engrosará las colecciones de la etapa de Madrid coetánea a los tapices.

Solo queda un detalle: que Ceres, el catálogo online del ministerio de Cultura en el que se pueden consultar gran parte de las colecciones pertenecientes a los museos estatales, actualice tanto la fecha como el autor de esta obra.