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Los últimos pasos del español que murió el Día D

Un aficionado a la historia recorre la playa de Normandía en la que cayó en combate Manuel Otero

Retrato de Manuel Otero Martínez.
Retrato de Manuel Otero Martínez.

No es difícil imaginar cómo fue la última hora de la vida del soldado Manuel Otero Martínez, el único español conocido hasta la fecha que murió el Día D, el 6 de junio de 1944, en las playas de Normandía, en el mayor desembarco aeronaval de la historia. Otero, un gallego de 28 años, saltó a las 7.40 de una lancha en la segunda oleada de ataques de los aliados contra las defensas nazis. El corazón que se sale por la boca, las náuseas de la travesía, el miedo a la muerte… Otero corrió apenas 100 metros de la playa de Omaha, en la que las tropas aliadas sufrieron ese día su mayor cifra de bajas (unas 4.000) ante la feroz resistencia nazi.

Después, su pelotón del 16º Regimiento de la 1ª División de Infantería de EE UU (la mítica The Big Red One) superó un talud de guijarros sobre el que se encontraba una gran alambrada de espinos, en la que abrieron una vía para poder continuar. Bajo fuego alemán, se adentraron en una zona pantanosa sembrada de minas. Ahí acabo todo para Otero.

73 años después, Óscar Galansky, aficionado a este conflicto desde que le regalaron un casco de soldado a los 13 años, ha reconstruido los últimos pasos de Otero en su videoblog, Tropa Guripa, con imágenes grabadas en la playa en la que cayó Otero. Además, ha entrevistado al francés Pierre-Louis Gosselin, que regenta en la localidad de Colleville, un pueblo normando, un pequeño museo dedicado a la 1ª División de Infantería. También a Manuel Arenas, el presidente de la asociación histórico-cultural The Royal Green Jackets, de A Coruña, que recrea hechos históricos. Este grupo editó un libro sobre Otero tras una investigación iniciada cuando una sobrina del soldado fallecido contactó con ellos para pedirles información.

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Galansky, en sus vídeos de YouTube, muestra “el lugar donde, más o menos” murió Otero. Muy cerca, en Colleville, un monolito recoge los nombres de los caídos de la Big Red One en Normandía, entre ellos, "Otero, Manuel (NMI)". Las siglas de “No middle initial”, en alusión a que no tenía segundo nombre.

Nacido en la localidad coruñesa de Outes, en 1916, Otero había combatido en la Guerra Civil en el bando republicano. “Se sabe que tras volver al pueblo decidió emigrar a Estados Unidos, donde entró por Hawái”, dice por teléfono Galansky (Moaña, Pontevedra, 1987). Otero vivió en Nueva York, desde donde escribió a su madre para decirle que ya estaba ganando algún dinero. Soltero, se alistó el 19 de marzo de 1943 en el Ejército de EE UU, “quizás para conseguir la nacionalidad de ese país”. Entonces, lo mandaron a Inglaterra como parte del contingente estadounidense que iba a invadir la Francia ocupada.

Tras caer destrozado por una mina, Otero fue enterrado en Francia, pero después se repatrió su cadáver por carretera hasta Galicia. La prensa de la época contó la llegada de los restos mortales del joven “muerto al servicio del Ejército norteamericano en el desembarco de Normandía”. En la comitiva, “el agregado de la embajada americana en Madrid, un teniente coronel y dos oficiales”. Condecoraciones aparte, la familia recibió “una pensión vitalicia de 900 pesetas mensuales”. Otero fue enterrado con la bandera de Estados Unidos. “La familia conservó el féretro militar, un arcón de madera forrado de cinc, en uno de cuyos laterales se ve la numeración que llevan los soldados estadounidenses en la chapa que les cuelga del cuello, en este caso, el 32868826”, añade Galansky.

Uno de los compañeros de pelotón de Otero, Albert Papi, dejó escritas en un diario las últimas palabras sobre la vida del gallego muerto el día que cambió la historia del siglo XX: “Los primeros valientes en traspasar el alambre de espinos fueron John P. Forde, de Brooklyn; Manuel Otero, de Nueva York; y David A. Arnold, de New Hampshire. Forde y Otero morirían al poco en el campo de minas”.