Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los responsables de museos reclaman mayor empatía social con la cultura

"Esa implicación social no se producirá sin incentivos fiscales y un cambio de mentalidad", reflexiona el gerente del museo Reina Sofía, Michaux Miranda

El director del Prado, Miguel Falomir (i), y el titular de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo (d), durante un coloquio el 24 de abril en Madrid. Ampliar foto
El director del Prado, Miguel Falomir (i), y el titular de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo (d), durante un coloquio el 24 de abril en Madrid. EFE

En sociedades tan distintas como la francesa o la estadounidense, la cultura es un bien cuya proximidad da prestigio. Eso no está tan claro en España, al menos de manera mayoritaria, y conseguir un cambio de actitud ciudadana es uno de los mayores retos a los que se enfrentan los responsables de las entidades culturales reunidas en el Círculo Fortuny para debatir sobre el mecenazgo y sus respectivas instituciones.

Con una Ley de Mecenazgo en un horizonte tan indefinible como la mejora de la situación económica y la superación definitiva de la crisis, tal como afirmó en su momento el responsable de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, parece que la única salida a corto plazo seguirá siendo la captación de patrocinios empresariales para que los recortes no se noten demasiado en las programaciones de cada institución.

Miguel Falomir, director del museo del Prado, aseguró que una legislación más generosa beneficiaría a todos: al donante y a las instituciones. “Es una cuestión legal, pero también de actitud. Creo que la sociedad española tiene que cambiar su entendimiento de lo que supone la cultura y acercarse más a ella”. Falomir precisó que desde 2003 el Prado disfruta de una situación particular de autonomía respecto a otras entidades. “Un 72% de nuestro presupuesto procede de recursos propios, el mismo nivel del Metropolitan de Nueva York. La mitad de ese dinero procede de las entradas al museo”, aclaró.

Michaux Miranda, gerente del Reina Sofía, museo que desde 2011 también goza de autonomía, precisó que sus ingresos cubren el 30% de los gastos. Convencido de que no se volverá nunca al modelo económico anterior a la crisis, pidió una mayor implicación de la sociedad en las actividades culturales. “Creo, como Falomir, que esa implicación social no se producirá sin incentivos fiscales y un cambio de mentalidad. Los muy ricos deberían sentir que cuando donan obra o dinero a los museos, en realidad están devolviendo a la sociedad lo que esta ha hecho por ellos”.

Esa actitud de indiferencia social que sufren las instituciones se agrava cuando a los responsables se les echa en cara que solo presenten números rojos. Evelio Acevedo, gerente del Thyssen, cuenta que llegó al museo en 2012, en plena tormenta perfecta en la que a los recortes gubernamentales se sumó el abandono de su socio histórico, Caja Madrid. “Tuvimos que reinventar el museo. Nada fue ya lo mismo y pese a ello, el año pasado hemos llegado al 78% de autofinanciación. Pero se nos piden beneficios económicos, algo que no se hace con la enseñanza o la sanidad públicas. Todos prestamos los servicios que tenemos encomendados, no se nos puede pedir que además, esto sea un negocio”.

Blanca Pons-Sorolla, presidenta de la Comisión Permanente del Museo Sorolla; Julia Sánchez, directora general de Escuela Superior de Música Reina Sofía y Rafael Ansón, de la Real Academia de Gastronomía, subrayaron la importancia del mecenazgo que ejercen pequeñas empresas o personas anónimas, cuyas aportaciones hacen posible que sigan con su actividad habitual. “En agradecimiento a esa generosidad privada”, explica Sánchez, “tenemos la Orquesta Sinfónica Freixenet y los auditorios Sony. La gente se acostumbra a que el nombre de los patrocinadores forme parte de la escuela. Y esto es una realidad en España y fuera de ella”.

Y mientras las ayudas de grandes o pequeñas fortunas se animan a dejar su impronta en el mundo de la cultura, ¿cuál debe ser el papel del Estado?. “La cultura, sin duda, tiene que estar en los presupuestos generales del Estado porque somos un servicio público fundamental”, responde tajante Miguel Falomir.