Crítica | El fundador
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La iglesia de los arcos dorados

El director opta por un camino aparentemente manso sobre la vida del hombre que erigió el imperio McDonald's

Michael Keaton, en 'El fundador'.

Las películas se comunican entre sí de maneras extrañas. En un flashback de El fundador, biopic dedicado a la figura de Ray Kroc, el hombre que transformó la marca McDonald’s en imperio global de la comida rápida, se ilustra el secreto del éxito del restaurante original: el director John Lee Hancock recoge en plano cenital los movimientos de un grupo de jóvenes sobre un esquema de la estructura del local, trazado en tiza sobre la superficie de una cancha deportiva. Probablemente sin querer, la imagen activa el recuerdo de otro universo trazado en tiza sobre el suelo e inmortalizado en plano cenital: la visión aérea de ese Dogville que Lars von Trier propuso como insidiosa reducción a escala del alma americana. Y ahí el espectador puede caer en la cuenta de que este diálogo inconsciente entre dos películas tan distintas –e incluso enfrentadas- no podría ser más significativo, porque, en el fondo, de lo que tratan ambos trabajos es precisamente de eso: de la moral y las contradicciones de una nación levantada en tierra de nadie sin una Historia previa que refutar o de la que partir.

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La figura de Kroc podría ser merecedora de una disección implacable como la que Paul Thomas Anderson dedicó a un trasunto del fundador de la Cienciología en la extraordinaria The Master (2012), pero John Lee Hancock opta por un camino aparentemente más manso y conciliador que genera una interesante fricción entre forma y fondo: El fundador es, a primera vista, un biopic convencional sobre un visionario americano que, como el Tucker (1988) de Coppola, admitiría el subtítulo de “Un hombre y su sueño”. En realidad, es la historia de un cínico depredador, el pervertidor del sueño inocente de dos hermanos ingenuos (uno de ellos, un sensacional John Carroll Lynch como rostro de una bovina bondad americana) que intentaron contrarrestar, con rapidez y espíritu familiar, la caótica deriva de esos dinners que se apropió la cultura adolescente. Kroc sublimó la idea en una suerte de nueva religión del consumo. Tras haber hablado de Walt Disney en su anterior película, Hancock parece tener un plan.

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