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ARTE

Caníbales y anoréxicos

El MALBA muestra un amplio recorrido por el arte brasileño con propuestas de una modernidad quebrada

'Morro da Favela' (1924), de Tarsila do Amaral.
'Morro da Favela' (1924), de Tarsila do Amaral.

Que la modernidad siempre estuvo de paso es algo que los modernos intuyeron desde el principio, aunque trataran de distraer la caducidad. La esencia de lo moderno era desde su origen pisarse los talones, correr tras las clausuras, esquivarlas, transformarse en cada gesto; dejar paso a una nueva modernidad que, por definición, defendería lo opuesto. Se trataba de matar al padre o, lo que es igual, volverse al doblar la esquina para sortear los cuchillos. Lo supieron los abstractizantes de la revista Cercle et Carré, asediados por los surrealistas, y lo supo Torres García, miembro de la revista junto a Michel Seuphor, Arp o Sophie Taeuber-Arp, cuando fue excluido de la publicación por sus supuestas veleidades figurativas.

Tal vez por saberse de paso, la modernidad europea ponía en escena sucesivas radicalidades a medias que, presas del pensamiento binario occidental y sus absurdos opuestos, terminaban por construir dogmatismos, gestos excluyentes, jerarquías, bordes, exigencias de adhesiones inquebrantables y expulsiones absurdas, como la de Torres García que nunca fue del todo abstracto ni del todo figurativo. ¿Para qué?

Para qué si las cosas son mucho más maravillosamente impuras. Si en la superficie de las obras de Tarsila do Amaral -la gran artista brasileña de los años 20- la anorexia de Mondrian se anuda loca con los bocados caníbales de una antropofagia que es sobre todo mezclarse, como proponía Oswald de Andrade en el Manifiesto antropófago de 1928. Brasil mezclado y vanguardista, cuando en la Semana del Arte Moderno de 1922 en Sao Paulo, impulsada por Graça Aranha, se preguntan qué significaba “ser moderno” al otro lado del Atlántico. Se lo preguntaban Anita Malfatti, do Rego Monteiro, Villa-Lobos o el propio de Andrade. Y desde entonces se lo han preguntado las sucesivas generaciones de artistas brasileños que, nunca dogmáticos, siempre mezclados, a un tiempo caníbales y anoréxicos -como Oiticica y Clark- han trazado la propuesta de una modernidad quebrada y en buscado tránsito que se puede disfrutar en el MALBA, donde la colección Fadel de Río dialoga con esas otras modernidades de América Latina del museo porteño. En una sala, el deslumbrante cuadro de Tarsila do Amaral amarra ambas colecciones con un guiño a la propia modernidad. “Sé marginal, sé héroe”, dictaminaba Oiticica.

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