Gonzalo Torné: “La infancia es poca cosa; nada decisivo ocurre ahí”

El escritor reflexiona en su novela ‘Años difíciles’ sobre la resignación ante los sueños abandonados de juventud

El escritor barcelonés Gonzalo Torné, ayer en Barcelona.
El escritor barcelonés Gonzalo Torné, ayer en Barcelona. QUIQUE GARCÍA / EFE

¿A qué distancia vivimos de las promesas que nos hicimos sobre lo que queríamos hacer y ser? Quizá pasamos demasiado tiempo “chupeteando el estúpido sueño que nunca llega”… Son preguntas que puede hacerse el lector de Años felices (Anagrama), tercera novela oficial (hay una primigenia, de 2007, Lo inhóspito, que cita menos) de Gonzalo Torné, donde los cuatro chicos y chicas de un grupo de amigos querrán ver cada uno en la llegada de un quinto, apodado por ellos El Príncipe, el catalizador de sus sueños. El correlato pasa, claro, por una aplastante victoria de la resignación: se es feliz un rato, una época de la vida, en esas hojas en blanco accidentalmente pegadas que se libran de la tinta…

“Pretendía casi un experimento social: a los personajes les doy todo, lo tienen todo para prolongar su amistad y felicidad en el tiempo, en una vaga Nueva York del país de las hadas, pero cuando van a ser más ricos y completar sus sueños, se hunde todo; es la situación del mundo hoy: uno es en tanto que consigue o tiene, son imposibles otros valores como el altruismo, la amabilidad, la cooperación…; el dinero está presionando en la novela constantemente”, señala Torné (Barcelona, 1976). Lanzada la piedra en el lago de la resignación, la onda concéntrica se amplía a la deslealtad y a la traición “contra los demás y contra uno mismo”. Y lo que es peor, los personajes se dan cuenta de todo, aunque lo disimulen. “No quería hacer una novela de ingenuos, el tema lo impedía: ese juego de valores suyos se contrapone al ambiente del capitalismo neoliberal, a la indignidad del darwinismo social imperante: ante ello no pueden mantener sus compromisos de esa amistad y de felicidad; compaginar vida amable con vida exitosa es muy difícil: no hay nada más disfuncional que una familia de ricos… En la felicidad siempre hay trampas”.

Compaginar la vida amable con la vida exitosa es hoy muy difícil”

Viven los personajes, dice su creador, “dos asincronías: cómo se imaginan sus vidas, que nunca alcanzarán y siendo difícil volver a atrás, y cómo los demás se imaginan y piensan que somos, cómo eres usado en la imaginación de los otros”. Inquietante. “Nunca tuvimos hoy tantas imágenes especulares sobre nosotros; conocemos a más gente que nunca, algo acentuado por las redes sociales, y queremos agradarles a todos; al responder los correos electrónicos, por ejemplo, utilizamos máscaras de tono, cambiamos según el remitente. ¿Hipocresía? No, somos secuencia de estados, modelamos esos tonos y ofrecemos visiones contradictorias”.

Cree Torné que, en realidad, Años felices no está lejos de sus dos novelas anteriores, las elogiadas y traducidas (en total, a siete idiomas) Hilos de sangre (2010, premio Jaén) y Divorcio en el aire (2013): “Mis personajes son incapaces de mantener una vida uniforme; las vidas de la gente están llenas de zonas de años perdidos, cosas que hicimos que no se integran bien en los relatos que nos construimos de nosotros mismos”, justifica. Por eso mantiene que la novela va, en el fondo, de madurar, “un fenómeno extraño pero vital: la infancia es poca cosa, nada decisivo ocurre ahí; en la guardería no pasa nada, es una industria; lo importante pasa de los 12 a los 17 años y luego no existen ni ritos de paso; de golpe estás en los 20, en los 30… y hay un momento en que debes completar tus compromisos”.

Escribiré sobre el nacionalismo; me atrae por lo que conlleva; por ejemplo,  ¿dónde coloca la frontera de la solidaridad?

Viene precisamente madurando mucho esta obra Torné, nacida hace unos 10 años, como reacción a la tímida promoción en Madrid de su primera novela: “Creí que ya era famoso y que todos me escucharían y nada, claro, por lo que tramé una venganza literaria: un poeta catalán que triunfaba en los EEUU; a la hora y media, vi que no estaba preparado para afrontar los temas que afloraban: hubiera salido una novela de cartón-piedra en relación a ésta; a la literatura hay que llegar vivido”.

Rezuma mucha poesía Años felices, la mayoría tácita, con guiños a Gil de Biedma, Wallace Stevens o T.S. Elliot, o zarpazos a Juan Ramón Jiménez o William Carlos Williams. En lo narrativo, admite el propio autor, está “al inicio la novela del XIX, con Jane Austen y esa amabilidad tensa suya en esa campiña urbana; y el Henry James de Retrato de una dama”. Pero el flujo de regusto filosófico que rezuman los personajes de Torné, uno de los mirlos blancos de la nueva narrativa española a tenor de la crítica, recuerda a los de Javier Marías, uno de los componentes de Tres maestros, junto a Bellow y Naipaul, a los que diseccionó en una breve ebook hace unos años. “Sí, me gusta Marías, como Álvaro Pombo, por su capacidad analítica para pensar el ahora, darle réplica al tiempo presente con acierto formal”. Y ese “realismo experimental” que cree que él practica también, lo admira a su vez en tan dispares coetáneos suyos como Belén Gopegui, Elvira Navarro o Isaac Rosa: “Para ser buenos hay que ser muy distintos entre ellos”. Sí admite la hipérbole del “derrame de referentes, que encima algunos no he leído” que fuera de España ha asociado elogiosamente su obra con Philip Roth, Karl Ove Knausgard o David Foster Wallace. “Tengo como modelos operativos la habilidad de los judíos norteamericanos de mirar ese presente y a gente como V.S. Naipaul por la facilidad de elevarse de las cosas personales y tocar temas globales”.

En un juego muy balzaquiano (“a pesar de que no lo he leído”), Torné hace aparecer y desaparecer nexos de personajes (“influencia del mundo del cómic”) entre sus novelas, todas nacidas una sola tarde “muy feliz, en la que tracé los rasgos de cada una”. En ese paseo, “Hilos de sangre, Años felices y dos más iban a ser una sola; las segmenté y han quedado en ocho; pero aún respeto los títulos”. Las dos próximas irán sobre corrupción y sobre nacionalismo, igual también en Anagrama, donde ahora debuta tras su paso por Penguin Random House Grupo Editorial (“a los de mi generación no hace falta explicar qué implica Anagrama; he cambiado por aspectos diversos, un poco mejores”). ¿Estará la del nacionalismo vinculada al famoso procès? "No, el tema aprieta, pero no me incomoda; estoy bien integrado en la comunidad literaria en catalán; no soy independentista, pero puedo entender algunas de las reivindicaciones por la actitud del Gobierno central en determinados ámbitos culturales… No, el nacionalismo me atrae por lo que conlleva; por ejemplo, por dónde coloca la frontera de la solidaridad…”. La escribirá porque hay conflicto en “la mesa de los adultos”, que es como Torné entiende la novela.

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