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La Casa del Lector pierde sus proyectos emblemáticos

La Fundación Ruipérez cambiará el modelo de la institución cuando sea relevado su director, César Antonio Molina

Fachada de la Casa del Lector, en el complejo cultural Matadero de Madrid.
Fachada de la Casa del Lector, en el complejo cultural Matadero de Madrid.

Con apenas cinco años de vida, la Casa del Lector, dependiente de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, afronta un futuro incierto. Quien actualmente es su director, el exministro César Antonio Molina, no seguirá probablemente al frente de la institución a partir de 2017 sin que exista un proyecto alternativo claro. “La idea es centrarnos en la investigación para la lectura y en el entorno digital”, asegura Ofelia Grande, sobrina del editor fallecido que da nombre a la fundación y miembro del Patronato.

La primera incógnita es qué pasará en esta institución, situada en el complejo cultural madrileño El Matadero, si no sigue Molina, nombrado por Sánchez Ruipérez, creador del grupo Anaya, poco antes de morir el editor en 2012. Buscaba un perfil de gestor con experiencia para un proyecto con carácter distinto y el que fue ministro de Cultura en la etapa de Zapatero lo daba, a su juicio, después de haber pasado también por el Instituto Cervantes y el Círculo de Bellas Artes.

Los planes que se han ido desinflando

La nueva estrategia resultará más barata para los herederos de Germán Sánchez Ruipérez. Están a cargo de la Fundación después de que los patronos independientes nombrados por el editor dejaran sus funciones. El fundador de Anaya dejó tres iniciativas de desarrollo e investigación que han ido cerrando o renunciando a sus primeros objetivos con el tiempo. La primera, un Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil en Salamanca que dejó de funcionar en 2015 por decisión de la fundación y que estuvo activo 28 años. En el caso del ahora Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda de Bracamonte –la localidad salmantina donde nació Sánchez Ruipérez en 1928-, su función dio un vuelco este año con menos implicación de la fundación, después de haber conseguido un prestigio como modelo de investigación en entornos del campo. Ahora, el nuevo proyecto de la Casa del Lector prevé una merma en los recursos.

La Casa del Lector es hoy una institución pionera en España en su modelo. Ha logrado consolidar una cifra de dos millones de visitantes —tras su inauguración por el entonces príncipe Felipe en 2012— y se ha convertido en un foco cultural emergente de la capital. Su objetivo es el fomento de la lectura y la investigación sobre el libro y sus receptores en un periodo crucial de transformación del modelo editorial. Pero la ambiciosa apuesta de sus primeros años solo la remodelación costó 28 millones de euros— puede quedar mermada de personal, tras varios despidos, y de recursos.

Las nuevas tecnologías demandan más esfuerzo y la actual directiva de la fundación está dispuesta a dárselo de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid, en cuyas instalaciones tiene la sede la Casa del Lector por un periodo de 25 años. Pero todo eso, en detrimento de las exposiciones o de proyectos más necesitados de recursos. Las tres muestras que quedan en cartel —Antifaz, Noche de Sol y Sin filtros— no tienen sustitución prevista tras el 8 de enero. El actual director de la Fundación, Luis González, asegura que el proyecto va a rediseñarse: “Pero aún no sabemos bien cómo”.

Fuentes del Ayuntamiento de Madrid, sin embargo, ven con buenos ojos el nuevo rumbo. Creen que va a integrarse mejor en el complejo Matadero, incluso después de que en la nave 8 se instale la Escuela de Diseño de la Comunidad y en la 9 la colección de obras de arte de Patrizia Sandretto, como confirma Luis Cueto, coordinador general de la corporación municipal. Los responsables de la Fundación Sánchez Ruipérez están dispuestos a involucrarse en actividades de fomento de la lectura en el entorno de Legazpi, aunque dichas fuentes municipales advierten de que no piensan interferir mucho.