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Todo vale

En el universo creado por Eiichiro Oda entran aventuras corsarias, mitología de los superhéroes, el 'thriller', el musical y la estética de los mecha

El sueño oscuro de EuroVegas se cumple en Gran Casino, barroco escenario de One Piece Gold: un complejo de ocio flotante que funciona como país independiente, con su propia moneda, libre de todo intervencionismo ajeno a sus particulares políticas laborales. Sus empleados son esclavos obligados a devolver con su trabajo las deudas contraídas en el juego. Hacía ahí llegan los Piratas del Sombrero, héroes de la saga creada en 1997 por Eiichiro Oda que, expandida en los territorios del anime –televisivo, cinematográfico y doméstico- y el videojuego, alcanza aquí su 13º largometraje para salas (aunque sea el primero que haya merecido un estreno así en nuestro país).

ONE PIECE GOLD

Dirección: Hiroaki Miyamoto.

Animación.

Género: ciencia-ficción. Japón, 2016.

Duración: 120 minutos.

Tanto la saga One Piece como esta entrega en particular, dirigida por Hiroaki Miyamoto -un habitual de la serie televisiva-, podrían servir para explicarle a todo profano el poder de seducción de ciertas sagas del manga y el anime como paradigmáticos discursos de la posmodernidad: en el universo creado por Eiichiro Oda todo vale, pues las aventuras corsarias, la mitología de los superhéroes, el thriller, el musical, la estética de los mecha (los robots gigantes japoneses) y el delirio pueden convivir en su apuesta por la extravagancia lúdica, sin rendir otras cuentas que las exigidas por el principio del placer. Con los colores refulgentes de una tragaperras, la película logra que sobreactúen hasta las líneas cinéticas que acompañan a los personajes en las escenas de acción, donde volutas de humo y fuego no cesan de crear imaginativas filigranas visuales. Creativa y desbordante.

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