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CRÍTICA | MAGGIE'S PLAN CRÍTICA i

El toque Gerwig

La directora Rebecca Miller ha encontrado en la actriz a la cómplice ideal para violentar los códigos tradicionales de la comedia romántica a partir de una mirada satírica

MAGGIE’S PLAN

Dirección: Rebecca Miller.

Intérpretes: Greta Gerwig, Ethan Hawke, Julianne Moore, Bill Hader.

Estados Undios, 2015

Duración: 98 minutos.

Cuando Maggie acaba de inseminarse trabajosamente en la bañera de su casa, llaman a la puerta. Su reacción ante visita tan inoportuna es una ventana abierta a un alma que rara vez ha desatendido petición alguna, por intrusiva que fuera: Maggie sale de la bañera, avanza con trabajosos movimientos arácnidos hasta la puerta, intentando mantener en su interior la donación ajena para su proyecto monoparental, y pulsa la tecla del interfono con sus pies. Pocas actrices habrá en el mundo capaces de convertir una situación tan embarazosa en una irresistible, delicada y, en el fondo, conmovedora coreografía cómica tal y como logra aquí Greta Gerwig, a quien, sin duda, hay que reivindicar como lo más parecido a una estrella que ha dado la reciente escena del indie americano.

La Gerwig quizá no tiene ni la versatilidad, ni el genio para poder desaparecer en el fondo de personajes complejos y exigentes (no forma parte, para entendernos, de la dinastía Huppert o Binoche), pero puede permitirse el lujo de ser, siempre, ella misma, como una suerte de capa reconocible que cubre a las criaturas que le toca encarnar. Conviene distinguirla de una mera actriz encasillada o de un instrumento interpretativo de una sola nota: el modo Gerwig nunca parece agotarse y siempre revitaliza sus constantes con nuevos matices e imprevistas honduras. La Gerwig encarna el cierre de círculo de la tradición de la screwball comedy, ese género que, en los años 30, popularizó un arquetipo de mujeres irónicas en perfecto autocontrol de sus recursos: ella sigue siendo eso, pero mezclado con la inmadurez sostenida que definía, de hecho, a los atolondrados personajes masculinos de esas comedias clásicas.

La directora, actriz y novelista Rebecca Miller, hija de Arthur Miller e Inge Morath, ha encontrado en Greta Gerwig a la cómplice ideal para violentar los códigos tradicionales de la comedia romántica a partir de una mirada satírica, algo alleniana, sobre los círculos intelectuales neoyorquinos (y sus zona de precariedad laboral y afectiva): un cameo de Wallace Shawn en una película así es una declaración de principios. El título es polisémico: Maggie desarrollará aquí, con resultados moderadamente caóticos, bastantes planes, desde el de su propia maternidad hasta los de la construcción y corrección de un romance de fines redentores. El contraste entre la espontaneidad desgarbada de Greta Gerwig y la gelidez bitchy de Julianne Moore inspira los momentos más afortunados de este seductor divertimento culterano.

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