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El ascenso y caída de la Lady Di de Los Verdes

Aparece en español la biografía de Petra Kelly, la mediática ecologista y feminista alemana muerta a manos de su pareja

La activista alemana Petra Kelly, retratada en 1984.
La activista alemana Petra Kelly, retratada en 1984.

El 19 de octubre de 1992 la policía descubrió el cadáver de Petra Kelly, la gran activista y política alemana que trasladó en los ochenta la lucha por el ecopacifismo y el feminismo de la calle a las instituciones. La carismática fundadora de Los Verdes de su país, la mujer que lideró en el Bundestag la campaña contra el desarme y logró que Berlín pidiera perdón por el bombardeo de Gernika en 1937 yacía descompuesta, a sus 44 años, en su cama en Bonn. Gert Bastian, de 69, su pareja y esposo de otra mujer, un exgeneral del Ejército convertido al pacifismo, la había matado hacía 19 días de un disparo antes de quitarse la vida.

Los investigadores concluyeron que fue un suicidio convenido. Quienes conocieron a Kelly jamás lo creyeron. Barajaron los celos, el temor del exmilitar a ser vinculado con la Stasi por documentos recién desclasificados... Una mujer que había hecho de su trayectoria una afirmación de la vida, razonaban, no habría elegido la muerte y en el improbable caso de haber sido así, dice su amiga, la ecologista británica Sara Parkin, no “lo habría hecho sin enviarnos a todos nosotros —y a la prensa— un fax”.

Palabra de Petra Kelly

  • “Ser tierno y al mismo tiempo subversivo: eso es lo que significa para mí, a nivel político, ser verde y actuar como tal”.
  • “La formación de la opinión política dentro del sistema parlamentario es, sin duda, un proceso que necesita ser ampliado aún más. Éste necesita ser revitalizado por una ecología no violenta, creativa, un movimiento pacifista y un intransigente partido anti-partido, Los Verdes”.
  • “La justificación ética de una fuerza militar –esas personas que protegen y defienden aquello que aman-, se pierde en la era nuclear, porque nada puede protegerse en una guerra nuclear. De hecho, el servicio militar en tales circunstancias se convierte en algo indigno y es un peligro para todo el mundo. El paso de abandonar el Ejército, entonces, es una decisión racional y es la única vía moralmente justificable”.
  • “Nuestro sistema económico acabará por destruir los fundamentos de su propia existencia. A nuestro parecer, lo necesario en el terreno ecológico es al mismo tiempo lo razonable en el terreno económico”.
  • “Todos quieren volver a la naturaleza, sólo que no a pie”.
  • “Todo poder estatal es relativo. Si se entiende la obediencia como elemento de convivencia, la lealtad tiene sus límites allí donde se pone en juego el bien de la comunidad”.
  • “Estamos tan condicionadas por los valores masculinos, que hemos cometido el error de emularlos al precio de nuestro propio feminismo”.
  • “La mayor parte de las mujeres han sido subordinadas, siempre dependientes de los hombres para alcanzar su propia realización, necesitadas de ellos para alcanzar la plenitud. Esto me enfurecía y empecé a leer a Rosa Luxemburgo, en particular sus diarios de prisión, y a explorar las biografías de Alksandra Kollontái, George Sand, Emma Goldman, Helen Kerr y otras mujeres que, pese a haber dejado su sello en la historia, han sido ignoradas hasta ahora por los historiadores y eruditos masculinos”.
  • “Nunca había tenido mucho respeto por los Marx, Engels y demás machos dogmáticos que teorizaban y filosofaban sobre las clases trabajadoras y el capital mientras discriminaban a sus mujeres e hijas y llevaban una vida de “pachás académicos” constantemente rejuvenecidos por sus mujeres y sus amantes. No sabían cocina , limpiar, coser ni cuidar de sí mismos; necesitaban a las mujeres para sus necesidades más básicas”.
  • “El poder sobre las cosas debe ser reemplazado por ‘el poder compartido’, por el ‘poder para hacer cosas’, por el descubrimiento de nuestra propia fuerza frente a la actitud pasiva de recibir el poder ejercido por los otros, a menudo en nuestro nombre”.

Su figura vuelve a la actualidad con La vida y muerte de Petra Kelly, una biografía que Parkin publicó en 1994 y que por fin ve la luz en español (Clave Intelectual). “Al principio no quería escribir este libro”, confiesa en la introducción. Cambió de idea al comprobar que “había una suposición general de que, como era (...) apasionada (...) se lo había buscado”. "Lo que fue”, aclara por correo electrónico “es una adelantada a su tiempo” y “un ejemplo de cómo la revolución devora a sus hijos”.

Kelly nació inconformista en Gunzburgo (Baviera) en 1947. Hija de un polaco que abandonó el hogar cuando ella tenía seis años, comprobó en su casa que existía una alternativa al patriarcado. La encarnaban su madre, Marianne, y su amada Omi (abuelita), Kunigunde Birle, que fomentó con lecturas su espíritu crítico. Aprendió también que el mundo es mucho más que el terruño cuando su madre se casó con un oficial de la Armada estadounidense y se mudaron a EE UU, donde admiró al presidente John F. Kennedy, supo de los crímenes nazis, empatizó con la lucha por los derechos civiles de los negros, vivió horrorizada los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, hizo campaña por Hubert H. Humphrey en las presidenciales de 1968 frente a Richard Nixon y despertó al activismo internacional en la universidad.

Disciplinada y pertinaz, lo mismo para hacer del ecofeminismo una lucha sin fronteras que para lograr que el Papa recibiera en audiencia —como hizo— a su hermana Grace antes de morir de cáncer a los diez años, Kelly regresó a estudiar Integración Europea a su continente natal, ya licenciada en Relaciones Internacionales. Cuando metió la cabeza en la Comisión, de los 1.625 puestos de funcionarios de alto nivel solo 99 estaban ocupados por mujeres. Fue el germen de una de sus grandes cruzadas, la de la igualdad. Pero protagonizó otras muchas, que Florent Marcellesi, portavoz de Equo en la Eurocámara y autor del prólogo del libro, resume así: “Kelly ayudó a construir una mentalidad europea, conectando las luchas por un mundo en paz y limpio, desde Alemania a España, pasando por Suecia e Irlanda”. “Los Verdes españoles le deben el propio hecho de existir”. Y no solo los españoles porque la idealista Kelly aprovechó su carisma y su condición de estrella mediática mundial —la llamaban la Lady Di de Los Verdes— para unir en una lucha transnacional primero a movimientos sociales y después a partidos políticos.

Su mayor problema fue que nunca separó su vida personal, de su activismo en la calle y sus obligaciones profesionales. Acompañada en los estrados de su abuela o de sus parejas —generalmente hombres mayores y casados como Bastian—, manejó erráticamente sus tiempos, lo que le granjeó más de un enemigo. Batallar en la calle contra las nucleares o viajar para estrechar lazos entre movimientos afines, juzgaban algunos, no le eximía de sus deberes en la Comisión. La creación en 1980 del “partido antipartido”, Die Grünen, y su entrada en el Bundestag en 1983 con un 5,5% de los votos pese a las feroces campañas en contra complicó aún más las cosas. Kelly se vio atrapada en las luchas intestinas de una formación inmadura que dudaba entre coaligarse con el partido socialdemócrata, en el que ella había militado, o quedarse en la oposición. Su gran error fue su negativa a rotar a los dos años al frente de una organización que se presumía más democrática que ninguna y que acabó por darle la espalda. Fue entonces cuando Kelly, enemiga de la soledad, se aisló y se refugió en Bastian, con quien desde 1982 se fundió, según Parkin, en una “neurótica y asfixiante simbiosis”.

“Hago un llamamiento a las mujeres de todo el mundo, jóvenes y viejas, para que amen solo a aquellos hombres que están dispuestos a manifestarse claramente contra la violencia”, clamó una vez. Paradojas de la vida. La gran defensora de la mujer y de la no violencia murió a manos de su pareja. Paradojas de la vida, la mediática activista murió en silencio. Durante más de dos semanas, nadie la echó de menos. Cuando la policía la encontró era ya irreconocible.

Florent Marcellesi: "Kelly nunca asumió del todo su liderazgo"

Florent Marcellesi es portavoz de Equo en el Parlamento Europeo y autor de la introducción a la edición española de La vida y muerte de Petra Kelly.

Pregunta. ¿Qué le deben Los Verdes españoles a Petra Kelly? ¿Y los europeos?

Respuesta. ¡Los Verdes españoles le deben a Petra Kelly el propio hecho de existir! El 29 de mayo de 1983 y aprovechando la visita de Kelly, 16 activistas ecologistas de toda España firmaron el Manifiesto de Tenerife, en el que reconocían como "indispensable la existencia de una formación política comprometida con nuestra concepción global de la vida y de las relaciones del hombre con su entorno". Un año más tarde se registraba el partido verde en España. 30 años más tarde, la ecología política es una realidad en las instituciones españolas y europeas. Por otro lado, Kelly ayudó a construir una mentalidad europea, conectando las luchas por un mundo en paz y limpio, desde Alemania a España, pasando por Suecia e Irlanda. Dio una cara y una referencia a esta Europa insumisa que tiene un pie en la calle y otro en las instituciones.

P. ¿Cuál fue en su opinión su mayor logro?

R. Para España, conseguir que Alemania pidiera perdón por el bombardeo de Guernica. La memoria es esencial para construir un futuro común y en paz.

P. Dice en la introducción del libro que Petra Kelly es más que nunca una figura de actualidad. ¿Por qué?

R. Kelly aspiraba a hacer política con ternura, es decir, a lograr un espacio donde la empatía, la no violencia y el cuidado mutuo fueran valores y pilares básicos. Para el nuevo ciclo político donde hace falta más que nunca entendimiento en una sociedad altamente plural, esta visión está plenamente vigente y es necesaria. Además, para todos aquellos movimientos y partidos que hoy en día proclamamos que "las formas son el fondo", el pensamiento de Kelly es una referencia.

P. ¿Qué es lo que más le indignaría hoy?

R. Sin duda, hoy le indignaría muchísimo ver como Europa trata a las personas refugiadas. Para ella, la ecología era ante todo solidaridad, de forma transversal, para todas las personas independientemente de donde hayan nacido. En Europa tenemos mucha responsabilidad en las migraciones internacionales que se dan, bien a causa de la guerra por los recursos, bien por las migraciones climáticas debidas a nuestro modelo de producción y consumo. Razones adicionales para que Europa tratara de forma digna y solidaria a los refugiados que hoy tocan a nuestra puerta.

P. El libro dibuja a una mujer con muchas más virtudes que defectos. ¿Responde a la realidad el retrato que se hace de ella? ¿Cuál fue su mayor defecto?

R. No sé si se puede llamar un defecto, pero ella no llegó nunca a asumir del todo su liderazgo. Al igual que ayudó a crear un "partido anti-partido" (tal y como se definían Los Verdes alemanes al nacer), se convirtió en una "lideresa anti-líder."

P. Petra Kelly contribuyó a fundar Los Verdes en Alemania y acabó marginada en su propio partido, luchó contra la guerra y por la desmilitarización y acabó viviendo con un exgeneral que tenía armas en casa, encarnó la lucha por el feminismo y murió a manos de su pareja. ¿Cómo explica estas contradicciones?

R. Cuando hay grandes referentes y personalidades tendemos a olvidarnos que son personas de carne y hueso. Por ejemplo, al igual que para muchas mujeres y hombres feministas hoy en día, su convencimiento personal no siempre es suficiente para compensar el peso de los valores colectivos patriarcales en los que mujeres y hombres somos educados. No la juzguemos por ello y cojamos su testigo para dar un paso más en la igualdad real, el pacifismo y la ecología.