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Lope de Vega da poder absoluto a las mujeres

Helena Pimenta abre la temporada del Teatro Clásico con la osada y cómica ‘El perro del hortelano’

Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el martes en Madrid.
Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el martes en Madrid.

Lo dio todo en esta comedia. Construyó unos personajes con un poder de oratoria difícil de igualar. Creó una trama para el siglo XVIII de apariencia sencilla, una mujer con poder que se enamora de un hombre humilde, su secretario. Una mujer que tiene que buscar su hueco en una sociedad que todavía no estaba preparada para semejante aventura. ¿Lo está la actual, tres siglos después? Una mujer aspira a gobernar Estados Unidos, Hillary Clinton, y se le cuestiona, entre otras cosas, por los devaneos amorosos que mantuvo su marido, el presidente Bill Clinton. La temática abordada en la obra de Lope de Vega, El perro del hortelano, escrita hace tres siglos sigue vigente.

Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ha elegido esta obra por “su ternura, belleza y sensibilidad. Es una pieza de arte brutalmente delicada. Una buena comedia te permite trabajar en estructuras diversas y más si es en verso. Tienes una pauta técnica que tiene que estar muy medida para evitar que se te vaya de las manos. La palabra entra en tu cuerpo y ves como viaja en él hasta convertirse en algo diferente”. Pimenta se ha apoyado en Shakespeare para poder decodificar esta pieza. “Muchas veces no somos conscientes de la riqueza de nuestra lengua, de su capacidad de unir en distintos puntos del mundo y de lo orgullosos que debemos estar de ella”.

Un divertido clásico para un teatro público

En esta obra, en la que participan medio centenar de personas con un presupuesto superior a los 200.000 euros, los personajes transitan por Nápoles tratando de encontrarse a sí mismos, de reconocerse en una sociedad que de antemano ha trazado sus identidades y los papeles que deben desempeñar.

Pimenta se enfrenta en esta obra a la galardonada y laureada versión cinematográfica realizada por la directora Pilar Miró en 1996. Una comedia que logró siete goyas, entre ellos mejor dirección.

La versión de Álvaro Tato, estrenada ayer en el Teatro de la Comedia de Madrid, trata de ser fiel a Lope de Vega, autor. “Los cambios, injertos y supresiones pretenden salvar los obstáculos del paso del tiempo sobre el idioma y que el espectador pueda comprender cada verso sin perder el aroma de la época y disfrutar del viaje que propone el escritor”.

Pimenta defiende y define esta obra como “hermosa, tierna, divertida, oscura, bruta, triste, aristocrática y popular. Atrapa desde el primer instante en el que vemos a una mujer, Diana, luchando por salir de la cárcel de oro en la que está encerrada”.

El personaje principal, Diana, condesa de Belflor, descubre que su secretario Teodoro está cortejando a Marcela, su doncella. Movida por los celos, Diana se encapricha y enamora de Teodoro, a pesar de que no es noble ni pertenece a la misma clase social que ella. Comienza así el juego de la comedia. Diana, empieza a comportarse como “el perro del hortelano”: ni come ni deja comer, no se permite a sí misma enamorarse de Teodoro ni permite que éste se case con Marcela.

El más puro Billy Wilder

“Esto es pura contemporaneidad, un camino para descubrir al ser humano desde un lugar muy moderno. Yo digo que es Willy Wilder puro porque incluso tenemos un final muy Con faldas y a lo loco. “Bueno, nadie es perfecto”, explica el autor de esta nueva versión.

Entre las diferencias fundamentales de este nuevo montaje se encuentra que el escritor situó la acción en el Nápoles del siglo XVII, mientras que la directora Helena Pimenta la lleva hasta el XVIII y le da protagonismo a la visión femenina. En palabras de la responsable de la obra esta es “una comedia que nos atrapa desde el primer instante”.

Con escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda y vestuario de Pedro Moreno, la obra de Lope es “meticulosa, labrada mediante unos recursos espacio temporales, de lenguaje y versificación, de contexto y de procedimientos serios, cómicos y fantásticos que la hacen navegar, unas veces, con enorme brío, otras con la calma y el lirismo de sentir, dudar, temer… atravesando los rincones más ocultos y humanos de la experiencia de educación sentimental”, concluye Pimenta.