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CRÍTICA | VIENTOS DE LA HABANA

Un crimen en Ítaca

El director Félix Viscarret logra imágenes poderosas, pero no encuentra el equilibrio entre el cliché de género y la funcionalidad de la ficción criminal

Tráiler del filme 'Vientos de La Habana', dirigido por Félix Viscarret.

VIENTOS DE LA HABANA

Dirección: Félix Viscarret.

Intérpretes: Jorge Perugorría, Juana Acosta, Vladimir Cruz, Alexis Díaz.

Género: thriller.

España, 2016.

Duración: 104 minutos.

Un grupo de amigos se sienta alrededor de una mesa para evocar las renuncias que asumió su generación: la de quienes crecieron creyendo en la Revolución para acabar topándose con las arbitrariedades de un poder empeñado en legislar también de piel para adentro, demonizando todo aquello que tenía que ver con afectos estéticos y sensibilidades. Esta secuencia de Vientos de La Habana, adaptación cinematográfica de Vientos de Cuaresma, segunda novela protagonizada por el policía a su pesar Mario Conde, parece una hábil miniaturización de otro trabajo del cubano Leonardo Padura: su guión para la excelente Regreso a Ítaca de Laurence Cantet, lejanamente inspirado en su libro La novela de mi vida. Ese momento también permite entender cómo afronta Padura el género de la novela policial: una ficción orientada a vehicular un desencanto colectivo, consecuente apropiación del sustrato ideológico del género.

Con Vientos de La Habana Félix Viscarret regresa al largometraje de ficción tras ese contundente, llamativo y heterodoxo debut que fue Bajo las estrellas (2007). Que un cineasta con esa fuerza haya tardado nueve años en volver a dirigir un largo no habla demasiado bien de la capacidad de nuestra industria a la hora de facilitar la consolidación de una mirada. Viscarret logra imágenes poderosas –el camión fumigador que abre la película, los planos aéreos de la ciudad-, pero no encuentra el equilibrio entre el cliché de género (la tórrida relación entre Conde y Karina) y la funcionalidad de la ficción criminal para impugnar una realidad entre fatigada y corrompida.