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CRÍTICA | BRIDGET JONES' BABY

15 años que son todo (o nada)

Resulta complicado decidir quién o qué ha cambiado más: si Bridget Jones, la intérprete encargada de darle vida, la comedia romántica como género, o la visión general de la sociedad

Han pasado solo 15 años desde la primera película de la saga Bridget Jones, pero el mundo va tan deprisa que resulta complicado decidir quién o qué ha cambiado más: si ella misma, la intérprete encargada de darle vida, la comedia romántica como género, o la visión general de la sociedad, y sobre todo de las propias mujeres, de un personaje como el suyo.

BRIDGET JONES' BABY

Dirección: Sharon Maguire.

Intérpretes: Renée Zellweger, Colin Firth, Patrick Dempsey, Emma Thompson, Sarah Solemani.

Género: comedia. R U, 2016.

Duración: 122 minutos.

Lanzándonos a la piscina, podríamos decir que justo por este orden. Ella ha cambiado poco, salvo que no es una treintañera sino una cuarentona, y que ha resuelto lo que para sí misma era un problema de sobrepeso. Porque, aunque al principio de Bridget Jones' baby, tercera de la serie, parezca haber firmado la paz sentimental consigo misma, haber volcado sus ambiciones y satisfacciones en el trabajo y sus amigos, y vivir razonablemente feliz con su soledad, los actos y pensamientos posteriores hacen pensar no, que la contrariedad por no encontrar pareja sigue ahí. Del rostro de Renée Zellweger se ha escrito tanto que, como además no es materia crítica, digamos solo que su tendencia al mohín sigue vigente. Así que quizá sean el cine romántico, su puesta en escena y su ritmo, además de la propia sociedad, que ha ido aparcando en la esquina de los desheredados a aquellas personas empeñadas a piñón fijo en ser felices a través del matrimonio y de los hijos, los que más se hayan transformado en esta década y media. Si eso ha sido para bien o para mal depende del ideal de cada cual.

Sharon Maguire, directora de la primera entrega, narra seguramente con la misma convicción que en su exitosa película de 2001, pero ahora da la impresión de que le faltan garra y recursos a la puesta en escena y el montaje, como si se hubiesen quedado un tanto añejos. Algo que, de todos modos, no es un problema mayor porque la esencia, con historia romántica triangular, el enorme papel de los secundarios (con Emma Thompson y Sarah Solemani al frente) y la gracia de ciertos diálogos (más que de las situaciones en sí) llevan a la película al mismo lugar de siempre: a que le guste a las personas que admiraban las otras... y que, como Bridget Jones, no hayan cambiado.

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