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Perales a precio de Beyoncé

Cantantes que triunfaron en España hace décadas y ahora se consideran producto de karaoke entre los más jóvenes siguen llenando salas legendarias en Estados Unidos

Marc Anthony (izquierda) y José Luis Perales, en la gala de los Grammy latinos en Las Vegas, en 2010.

La muerte de Juan Gabriel ha encontrado gran eco a un lado y otro del Atlántico. En América, el llanto ha sido inconsolable; en España ha desempolvado recuerdos en forma de cintas de casete: canciones que uno no recordaba que se sabía. Dos días antes de morir, el cantante mexicano convocó a 20.000 personas en Los Ángeles y derrochó energía en el escenario. Son los que llaman artistas “de ayer y de siempre”, pero, por alguna razón, España ha soltado amarras con muchos de los que triunfaron hace unas décadas.

Miles de personas en Estados Unidos pagan el mismo dinero para escuchar esas voces que para un gran concierto de Beyoncé, The Rolling Stones o Madonna. Y los promotores musicales, sin más prejuicio que el de los números, tenían preparado el Barclays Center de Brooklyn para Juan Gabriel el 9 de octubre, porque sabían que la arena rugiría ante sus excéntricos modelitos, su voz rasgada y su personalidad única. Público de todas las edades lo estaba esperando.

La página web de José Luis Perales anuncia conciertos en Mérida, Logroño y A Coruña, antes de recalar, el 9 de noviembre, en el Beacon Theatre de Nueva York, el mismo que en junio acogió la gala de los premios Tony y uno de los espacios con más solera de Manhattan. La entrada más barata allí cuesta 90 dólares (80 euros) y la más cara ronda los 300 (268 euros). Anoche actuó en Calasparra, donde las entradas se pusieron a la venta desde 22,95 euros.

‘¿Y cómo es él?’

Hace unos días, cuando Marc Anthony hizo el primero de sus cinco conciertos con todas las entradas vendidas en un lugar tan legendario como el neoyorkino Radio City Music Hall, no hubo momento más vitoreado que su versión de ¿Y cómo es él?, de Perales. Sin embargo, el famoso ¿Y cómo es él? en España se canta, más que se escucha, en los karaokes, donde la nostalgia de una generación ha rescatado éxitos de Julio Iglesias, Camilo Sesto, Rocío Dúrcal, Paloma San Basilio...

Por cierto, que muchos de los que escuchaban a Marc Anthony ya esperaban el regreso de Isabel Pantoja tras dejar atrás la prisión. Los latinos tiran de esta música. Nuria Net, redactora de música de Univisión, apunta también a la nostalgia: “Escuché más a Juan Gabriel al llegar a Nueva York, cuando conocí a un grupo de millenials mexicanos, emigrantes en Estados Unidos. Tienen la nostalgia de la música de sus padres, de la cultura mexicana”. Y de los españoles, como Rocío Dúrcal, que triunfaron allí.

Lola Flores, en Madrid en 1983. ampliar foto
Lola Flores, en Madrid en 1983. EFE

El Beacon Theatre tiene una cita ineludible cada año con Raphael, quizá el único que en España ha conseguido renovar éxito tras éxito mientras “sigue siendo aquél”, por mucho que actúe en el Festival de Benicàssim ante una audiencia indie.

Los más jóvenes y en vanguardia, a muchos de estos artistas los descubren desde lo kitsch, para concluir, una vez conocidos, que tienen gran valor artístico. El cantante aragonés Enrique Bunbury citaba al de Linares como una de sus grandes influencias. Otros, como el Dúo Dinámico, son ahora también plato fuerte en los festivales veraniegos.

Marcelo Báez es dj de la fiesta Rico Suave, heredera del Nacoteque (naco significa algo así como cutre u hortera en México). Es una fiesta itinerante, cuya última sesión fue el sábado (dedicada a Juan Gabriel) en la calle Bowery del East Village de Nueva York. Báez pincha a artistas como Camilo Sesto explotando su lado kitsch. Ha trabajado en salas como RazzMatazz, en Barcelona, y es un habitual del bajo Manhattan.

“Estos artistas se mantienen vigentes porque trabajan mucho. Raphael, por ejemplo, hace unas giras locas con muchísimos conciertos todos los años”. El pinchadiscos atribuye el éxito también a la implantación de la novela rosa en Latinoamérica. “Es muy potente, no nos da vergüenza ese lado cursi por alguna razón y la gente está muy entregada con eso. En España es distinto”. “En Latinoamérica”, opina Báez, “somos admiradores más neutros. A los españoles les pregunto y les interesan la rivalidad. Si les gusta Isabel Pantoja no les gusta la Jurado. En Latinoamérica a todos nos gustan todos. Y además, nos encanta ser muy fanáticos de las cosas”.

Juan Gabriel, en San Juan (Puerto Rico) en 2015. ampliar foto
Juan Gabriel, en San Juan (Puerto Rico) en 2015. WireImage

El fenómeno latino, sin embargo, no es nuevo en Estados Unidos, simplemente tiene su público. Hace unos años, el Ballet Nacional de Cuba dio dos funciones en Miami. La primera de ellas fue lleno total y la segunda, en cambio, estuvo semivacía. No faltó quien atribuyó esa escasez de entrada a la actuación, el mismo día, de Pimpinela, el dúo que sigue llenando grandes recintos a un lado del océano, mientras suena a verbena antigua en el otro. Cuando Paloma San Basilio anunció su gira de despedida no paró en Nueva York y su público se preguntó por qué.

“No canta, no baila...”

El éxito de los artistas españoles en Estados Unidos tiene notables precedentes. Difícil no citar la famosa sentencia con que The New York Times saludó la actuación de Lola Flores en el Madison Square Garden de Nueva York: “No canta, no baila, no se la pierdan”. Lola Flores también gozó del éxito hasta el final en España.

Pero algunos triunfan más en América que en su tierra. Sin embargo, en otros sectores, el éxito conseguido en Estados Unidos se respeta, es marchamo de calidad. Ocurre con los Oscaren el cine, o con el baloncesto o, incluso, con la ciencia.