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CRÍTICA | AHORA ME VES 2

Troleros por acumulación

En esta segunda entrega se (medio) disfruta, de nuevo, la química entre su grupo de intérpretes, más la aportación de la poderosa Lizzy Caplan

Dave Franco, Lizzy Caplan, Woody Harrelson y Jesse Eisenberg, en la película.
Dave Franco, Lizzy Caplan, Woody Harrelson y Jesse Eisenberg, en la película.

A una película que queriendo ser prestidigitadora y mágica, pero que se sitúa peligrosamente en el alambre de la caída al vacío por artificiosa e incomprensible, y que se acaba sosteniendo más por el carisma de sus intérpretes que por los fuegos de fingimiento de su guion, solo le hace falta una decisión para el vuelo final hacia el suelo: una segunda parte aún más grandilocuente y simulada. Ahora me ves 2, más pomposa, todavía más larga y redundante, es una pompa de jabón todavía más colorida y supuestamente hermosa que, después de un rato, te cansas de mirar. Porque los más troleros no son los personajes, sino el guionista, que, empeñado en sorprender, en cada secuencia, con cada giro de guion, te lleva a una de esas preguntas de espectador que resumen lo que hay dentro de una película: ¿y qué, tanto para esto?

AHORA ME VES 2

Dirección: Jon M. Chu.

Intérpretes: Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Lizzy Caplan, Dave Franco, Morgan Freeman, Daniel Radcliffe. Michael Caine.

Género: thriller. Estados Unidos, 2016.

Duración: 129 minutos.

De El golpe (George Roy Hill, 1973) a Nueve reinas (Fabián Bielinsky, 2000), las películas de estafadores siempre han ido de la mano del entretenimiento más bullicioso y de un glorioso componente social de identificación, con el que gente de la calle culminaba una operación de acoso y derribo de las clases dominantes casi en nombre del pueblo. La serie Ahora me ves se supone que también poseía este ingrediente colectivista, pero ya aparece tan difuso que se pierde.

En esta segunda entrega se (medio) disfruta, de nuevo, la química entre su grupo de intérpretes, más la aportación de la poderosa Lizzy Caplan, pero otra de sus adiciones podría resumir su cúmulo de errores: sumar al Woody Harrelson más calmado y contemporáneo un segundo papel gemelo, con el que dar rienda suelta a aquel insoportable Woody de los noventa, pasadísimo e insufrible.