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El arrojo de Roca Rey sobrecoge a Pamplona

La corrida de Núñez del Cuvillo, noble y con clase, propició el festejo más entretenido de la feria

El torero peruano Andrés Roca Rey, en su primer toro, hoy en la plaza de Pamplona.
El torero peruano Andrés Roca Rey, en su primer toro, hoy en la plaza de Pamplona.

Del Cuvillo / Castella, Perera, Roca Rey

Toros de Núñez del Cuvillo, correctamente presentados, a excepción del segundo; desiguales en los caballos, nobles y con clase. Con genio, el tercero.
Sebastián Castella: bajonazo atravesado y un descabello (silencio); pinchazo hondo —aviso—  y un descabello (oreja).
Miguel Ángel Perera: pinchazo, media caída —aviso— y dos descabellos (ovación); pinchazo y estocada caída (ovación).
Andrés Roca Rey: aviso estocada baja (dos orejas); media estocada (ovación). Salió a hombros.
Plaza de toros de Pamplona. 13 de julio. Séptima corrida de la feria de San Fermín. Lleno.

El joven Roca Rey ha vuelto a Pamplona dispuesto a convertirse en el rey de la fiesta y acaparar todos los premios que en Navarra han sido. Y a fe que lo logrará porque ha ofrecido una sorprendente lección de valor, arrojo, seguridad y desprecio del riesgo; emocionó a los tendidos y cortó las dos orejas de su primer toro tras dos volteretas de las que te dejan el cuerpo en guardia, y una actuación espectacular no tanto por su profundidad como por su seguridad, confianza y la búsqueda desesperada del triunfo.

Este torero acaba de comenzar su carrera y parece un veterano. Tiene mucho que limar en su técnica torera, pues tiende a ejecutar las suertes con escaso tino a las normas más clásicas, cita en línea recta y se le nota la influencia de las figuras modernas.

Pero, amigo, en lo que respecta al valor es una sorpresa continua, consigue poner el corazón de los espectadores en un puño y se gana, con todo merecimiento, el favor de la plaza.

Eso le ha ocurrido hoy, miércoles; se hizo el amo de Pamplona en cuanto se abrió de capa, obligó a las peñas a guardar silencio —lo cual es mérito grande— y triunfó con todo merecimiento.

Arboladura para regalar portaba el primero de su lote, al que recibió con un abanico de verónicas, gaoneras y una larga. Corretón y distraído en los tres tercios, no fue toro de carril, y demostró un molesto genio que dio, si cabe, más emoción a la labor del torero. En un quite por tafalleras se ganó el primer revolcón por pisar el terreno inadecuado.

Por estatuarios comenzó la labor con la muleta, asentadas las zapatillas en la arena, corroborados por un pase por la espalda y otro del desprecio, razones suficientes para entender la motivación del torero. Continuó por la derecha con mando y serenidad, y, a la segunda tanda, el animal lo empaló por la pierna derecha, lo revoloteó con violencia y le lanzó un derrote al corbatín con muy mala intención que no alcanzó su objetivo. Continuó más valiente si cabe, entre el entusiasmo general, y acabó con unas ajustadas manoletinas rubricadas de rodillas y el público totalmente entregado. Mató mal, pero ese pequeño detalle no tiene mayor importancia en esta tierra.

Más reposado ante el sexto, se reservó con el capote, y lo intentó el tercio final ante un toro que repetía con tanta nobleza como sosería. El animal se rajó pronto y a la labor del torero le faltó la emoción necesaria. No pudo redondear su exitosa tarde, pero quedó constancia de que es torero a tener muy en cuenta.

También destacó Miguel Ángel Perera, más entonado que en otras tardes importantes de la presente temporada. Noble y clase derrochó su primero, al que muleteó con largura, hondura, templanza y gusto, especialmente en una tanda por hermosos naturales. Al intentar un molinete, dudó un segundo y sufrió una cogida impresionante que no tuvo mayor consecuencia. Falló con la espada y voló el premio. No desentonó ante el quinto, también noble y repetidor, y otra vez falló a la hora de la muerte, y su afinado paso por esta feria quedó vacío de trofeos.

Intentó Castella enmendar ante el cuarto su deficiente actuación con el noble y encastado primero, con el que no se entendió. Muchos pases, una faena interminable, pero insulsa, acelerada y muy destemplada. Mejoró con su segundo, noble como los demás, y tras dos pases cambiados por la espalda, destacó en algunas tandas aceptables, pero con muy escaso fondo. No está en su mejor momento de quien tanto se esperaba.

La corrida de hoy

Octava y última corrida de feria. 14 de julio. Toros de Miura, para Rafaelillo, Dávila Miura, y Javier Castaño, que sustituirá a Manuel Escribano, convaleciente.

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