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CRÍTICA | TODOS QUEREMOS ALGO CRÍTICA i

La universidad, trascendente e idiota

Linklater filma con una inaudita autenticidad su carta de amor a la música, a los futbolines y a las 'pinballs'

Richard Linklater culminó Movida del 76 con un plano metafórico: desde el punto de vista de sus protagonistas, que acababan de terminar el instituto y disfrutaban el amanecer en coche tras una última noche de juerga adolescente, la mirada se dirigía, entre risas, a una cuesta arriba sin final claro, tanto en la carretera física como en la carretera de la vida. La siguiente estación para muchos de ellos, como ya ocurría en su referente máximo, American Graffiti, de George Lucas, era la Universidad. Y hasta allí se ha ido Linklater, más de dos décadas después de aquella película de 1993, con Todos queremos algo, su secuela (in)confesa, ambientada en 1980, con los primeros días de universidad del que podría ser perfectamente uno de aquellos chicos de Movida del 76.

TODOS QUEREMOS ALGO

Dirección: Richard Linklater.

Intérpretes: Blake Jenner, Glen Powell, Tyler Hoechlin, Austin Amelio, Zoey Deutch.

Género: comedia. EE UU, 2016.

Duración: 117 minutos.

Genio de la captura del momento, desde el más sencillo al más complejo, Linklater lleva toda una vida artística retratando la sensación del (re)encuentro con aquellos instantes juveniles que marcan una vida, de los que solo caes en la cuenta cuando han pasado años. El archivo del proceso de madurez, a veces grandilocuente, otras idiota, tiene mucho de nostalgia, pero también de puesta en claro de lo verdaderamente esencial. Películas en principio tan distantes como Suburbia y Antes de anochecer, del botellón esquinero de pueblo al trascendente tren por Europa, implosionaron en la obra maestra Boyhood, de la que Todos queremos algo quizá no esté tan lejos, a pesar de su aparente condición cafre, más cerca en muchos momentos de Porky's y Desmadre a la americana que de la exultante pretenciosidad de la saga Antes de...

Linklater filma con una inaudita autenticidad su carta de amor a la música, a los futbolines y a las pinballs, al chiste basto de colegio mayor y a los marcianitos; como si el cine no hubiera evolucionado en casi 30 años, como si realmente estuviéramos ante una película de 1980, con su cámara lenta de chicas en fila de a cuatro, sus particiones de pantalla en las llamadas telefónicas y semejante fotografía. Un estilo al que hay que sumar el tratamiento de los personajes femeninos, que en una película repleta de testosterona simplemente pasan por allí... salvo uno, justo cuando en la parte final la película pincha el globo de Porky's para acariciar Boyhood, y acaba explicitando su subtexto sobre la formación del modo de vida americano, basado en la competitividad extrema, la pasión y el esfuerzo.

"Si alguna vez digo que estos han sido mis mejores años, recordadme que me suicide", decía uno de los personajes de Movida del 76 sobre el instituto. No parece que Linklater piense lo mismo sobre sus años de universidad, agitados y apasionantes.

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