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CRÍTICA | BAJO EL ALA DEL SOMBRERO

Palabra de Valderrama

A través de la figura del cantaor, su hijo hace una atractiva crónica musical de la España del siglo XX

Fotografía de 'Bajo el ala del sombrero'.
Fotografía de 'Bajo el ala del sombrero'.

BAJO EL ALA DEL SOMBRERO

Autor: Juan Valderrama. Intérpretes: Valderrama, Anabel Veloso, Rubén Levaniegos, Manuel Molina y Manuel Luque. Dirección: Pepa Gamboa. Madrid, Teatro Bellas Artes, hasta el 26 de junio; Torredelcampo (Jaén), 24 de julio; Lo Ferro (Murcia), 27 de julio.

La crónica musical de la España del siglo XX, a través de una de sus figuras. Juanito Valderrama nació cantando, porque en 1916 se cantaba en todos los sitios y haciendo todas las faenas: en la siembra, la siega y la trilla (las temporeras), en su Torredelcampo natal; conduciendo carruajes, repartiendo correspondencia, lavando la ropa o pregonando la mercancía, en Sevilla, donde el marido de La Niña de los Peines, le hizo socio suyo. “Ahora nadie canta”, observa Juan Valderrama, que conduce con galanura el relato, cautivador por lo sencillo, de la vida de su padre, y lo puntúa con canciones bien traídas y mejor interpretadas: un canto de siega, una guajira de Marchena, que no pudo convencer a su abuelo de que le dejara llevarse consigo al niño cantor; la granadina que le tocó Sabicas para su debut, con la compañía de La Niña de la Puebla; unas bulerías que cantó para el Socorro Rojo; El emigrante, que compuso en 1949, conmovido por los relatos de los exiliados españoles en Tánger…

En los años cuarenta, se fue orientando a la copla, por imperativos comerciales, sin abandonar nunca el flamenco. Como Por los ojos de Raquel Meller y Ojos verdes, Bajo el ala del sombrero es un paso en la puesta en valor del patrimonio musical popular en castellano. Que su autor e intérprete sea tan buen conocedor del repertorio paterno, es un atractivo añadido. Valderrama está bien acompañado por Rubén Levaniegos (guitarra), Manuel Molina (piano) y Manuel Luque (percusión). Anabel Veloso, bailaora, imprime color y contraste a un espectáculo reivindicativo, entretenido y didáctico, que el público jalona con ‘olés’ y aplaude en pie.