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Berlín se apaga

Si ha primado algo en el concierto de Angela Denoke en el Real de principio a fin ha sido la relajación

Angela Denoke, durante el concierto en el Teatro Real.
Angela Denoke, durante el concierto en el Teatro Real.JAVIER DEL REAL / EFE

Angela Denoke debutó en el Teatro Real cantando Venus y Elisabeth en un gran Tannhäuser dirigido por Daniel Barenboim en 2002. Luego fue una recia Marie en la asfixiante producción de Wozzeck dirigida por Calixto Bieito en 2007, una turbadora y cambiante Emilia Marty en El caso Makropulos en 2008, una soberbia Kundry (aun con sus facultades mermadas) en el inolvidable Parsifal historicista de Thomas Hengelbrock en 2013 y una desnortada Alceste en 2014. Entre medias, tuvo tiempo para ofrecer también en 2010 un recital, presentado desde un sofá en un español aún dubitativo por Gerard Mortier, en el que cantó un repertorio en parte similar al que acaba de ofrecer en Madrid.

Iniciado con Berlin im Licht (Berlín iluminado), de Kurt Weill, la alemana deja claro desde el principio dónde iba a situar el foco y la secuencia de canciones ha funcionado ahora mucho mejor, sin las pausas habladas y las tensiones entre el público de entonces, y, de hecho, si ha primado algo en el concierto de principio a fin ha sido justo lo contrario: la relajación. Denoke amolda el género del cabaret berlinés de entreguerras a sus mejores cualidades como cantante, y no viceversa, y ahí radica asimismo la mayor objeción que puede ponerse a su planteamiento, en el que todas las canciones, sean irónicas, combativas, tiernas o crueles, acaban siendo igualadas por el mismo rasero. Las canta admirablemente, con afinación perfecta, leves pero sugerentes movimientos escénicos, dicción cristalina y musicalidad intachable, porque ella es incapaz de cantar mal, pero todas suenan sospechosamente parecidas. Además, el micrófono le ayuda a que su voz no se vea nunca exigida e incluso a permitirse el lujo de recurrir en numerosas ocasiones (quizá demasiadas) al susurro. Pero uno añora la rotundidad de Gisela May, el desgarro de Lotte Lenya o el abandono de Marlene Dietrich. Denoke canta mejor que cualquiera de ellas, y la calidad de su voz sigue siendo extraordinaria, pero el suyo es un recital planteado sin un solo riesgo, algo extensible al insulso trío instrumental.

Obras de Weill, Eisler, Heymann y Holländer, entre otros. Angela Denoke (soprano), Norbert Nagel (saxo y flauta), Tim Park (violonchelo) y Tal Balshai (piano). Teatro Real, 15 de junio.

Fuera de programa cantó la inevitable Moritat von Mackie Messer, de Kurt Weill, Das gibt’s nur einmal, de Werner Richard Heymann, y Peter, de Friedrich Holländer. Después de más de un mes escuchando a unos y otros la música alegre y doliente del deslumbrante Berlín de entreguerras, el que hubo de abandonar Arnold Schönberg a poco de completar el segundo acto de Moses und Aron, se apagan ya las luces de aquella ciudad frenética y convulsa.

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