De frente | José Mercé

“Ahora los bárbaros somos nosotros”

Cantante de la tragedia y la rabia, la 'tragirabia'. Ahora publica 'Doy la cara', un disco para el que ha juntado a grandes colegas suyos

¿Dar la cara, pues? Ahora toca. Pasan cosas muy feas. Nos dejan sin cultura, sin nada. Tengo la gran suerte de haber vivido la mejor época, queríamos crear un país más abierto. Había ilusión. Ahora la ciudadanía está a años luz de los políticos. Ahora nos quieren atrasar. Una pena muy grande.

No estaremos libres de culpa. Todos tenemos culpa, ninguno lo estamos haciendo bien. Aquí importa más un evento deportivo que cinco millones de parados. Por un trofeo de fútbol se produce una gran manifestación, a los que no tienen trabajo no les damos importancia.

¿Cómo luchar contra eso? Dando la cara, con responsabilidad, siendo todos un poquito más honestos. La mayoría de los políticos parece que no vive en este país. Los abuelos mantienen a los nietos. Recuerdo cuando los bárbaros eran otros. Ahora los bárbaros somos nosotros. Mira lo que pasa con los refugiados. Se me cae el alma a los pies cuando los veo por televisión.

¿Cómo ha variado este país desde su infancia? Yo salí de Jerez a los 13 años, a Madrid. Empecé en los tablaos y tuve la suerte de conocer al señor Antonio Gades y recorrí el mundo con él. Estudiar una carrera puede ser maravilloso, pero la verdadera cultura está en tus vivencias. Aprendes y sufres. A lo mejor con la ignorancia eres más feliz, pero la educación te hace responsable y respetuoso. Parece que ser educado sea ahora de carcas.

¿Qué ha aprendido que le resulte inolvidable? He sido joven. Hice de todo. La vida me dio el palo de la muerte de mi hijo, hace 22 años, cuando él tenía 14. Si antes fallaba un poco la luz o el sonido en un concierto mis gritos llegaban a Jerez. Ese palo me puso en la tierra. Todos los fallos humanos son corregibles. Ahora le doy importancia a lo que de verdad la tiene. En este país hay mucha gente que no llega al final de mes. Eso sí es importante.

¿Cómo se recupera uno de un golpe así? No, no te recuperas, vives con ello. Es como cuando marcan a un animal con un hierro. Sigues viviendo pero esa marca está ahí siempre, no te recuperas nunca. Estás marcado para toda la vida.

¿La música lo ha reflejado? La música es lo máximo. Si no hubiera sido por la música no sé qué hubiera sido de mí. Es lo que me ha ayudado a sobrevivir, a hacer las cosas con más calidad, con más dignidad, con más ganas.

El dolor no es incompatible con la alegría. Yo lo llamo tragirabia. Tienes momentos de dulzura y otros de mucho dolor, depende del día, de cómo te levantes. Del público. Sales al escenario y se te quitan todos los males.

Decía Kafka que despertarse es el momento más arriesgado del día. Cuando se está en esos procesos de dolor despertarse es un riesgo enorme… Así es. He hecho lo que quise, no me puedo quejar. Cuando tienes 13 años te quieres comer el mundo. Pero por muchos pajaritos que tuviera en la cabeza jamás pensé en que llegaría a esto. Eso también amanece conmigo cuando despierto.

Pasó de estar con su familia a estar con Gades. ¿Qué pasó al perderlo? Empecé con él a los 16, era el niño. Con él aprendí hasta a comer. En Budapest íbamos a almorzar y me preguntó qué quería. Yo siempre quería huevos fritos con patatas, me crié con eso, y es mi plato… Pues allí piden steak tartar… Y yo le digo que quiero huevos fritos. Aquí no hay, me dijo Antonio, así que prueba el steak tartar. ¡Y ese es ahora mi otro plato favorito! Los 10 años que pasé con él fueron los mejores de mi vida.

¿Qué le enseñó? Todo. Por ejemplo, el saludo de un espectáculo. Ahora dices que vas a ensayar el saludo y te llaman antiguo. No se le puede dar la espalda al público, es una falta de educación grandiosa. Hay que saber andar por el escenario. Hoy da todo igual. Hoy no hay aprendices: todo el mundo quiere llegar y colocarse directamente de director. Culpa nuestra. A los niños les damos todo hecho y a la hora de la verdad se ahogan en un vaso de agua.

¿Qué les vamos a dejar? Soy muy pesimista; no sé cómo se debe enfocar para que haya un futuro de más calidad. Qué estamos haciendo mal para que no funcionemos. ¡Qué demonios ocurre!

Acaso que, como canta José Alfredo Jiménez, hemos hecho un mundo raro… Raro no: raro, raro pero muy raro.

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