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El mito de Carmen a través de los siglos

Una exposición en la Casa del Lector muestra su rastro ecléctico y universal

Escultura sobre la mujer española de Francisco Leiro.
Escultura sobre la mujer española de Francisco Leiro.

Sevilla ha parido dos de los mitos españoles universales más versátiles: Don Juan y Carmen. Yin y yan, alfa y omega de una misma esencia. Libertad, desafío, placer, el zarpazo de lo indómito. Luis F. Martínez Montiel y José Manuel Rodríguez Gordillo, abordaron la leyenda masculina hace años en una exposición. Debían completar su reverso y contrapunto femenino. Ahora le toca a ella, en una muestra inaugurada esta semana en la madrileña Casa del Lector, con sede en el Matadero de Legazpi. Turno para la bestia de imán incandescente, la mujer libérrima de piel abierta y lengua soberana; liderazgo y rabia reivindicativa; encanto y descaro con pedigrí ardiente al borde del Guadalquivir.

Sevilla fue la cuna que le armó Próspero Mérimée para ahondar en un tópico conveniente a la imaginería de los parisinos decimonónicos. George Bizet le compuso una nana en forma de ópera que amplificó su impacto mundial a ritmo de habanera. La multicopiaron como obra de arte Sorolla, Picabia, Juan Gris, Zuloaga, Julio Romero de Torres, Madrazo, Picasso o más recientemente, en España, Antonio Saura, Arroyo, Leiro y Gordillo.

Se hizo hueco en el cine con directores como Cecil B. De Mille, Carlos Saura, Vicente Aranda o Jean-Luc Godard y actrices como Rita Hayworth o Dolores del Río. Fue bailada en coreografías que montaron Alicia Alonso, Antonio Gades o el sueco Mats Ek. Se transmutó de gitana que destroza el corazón de un francés liándose con un torero, en mujer negra de los bajos fondos neoyorquinos que seduce a un boxeador, como Carmen Jones, en el filme de Otto Preminger…

Cronología de una leyenda

1728: Comienza la construcción de la Real fábrica de tabacos de Sevilla, que ahora es sede de la Universidad, donde llegaron a trabajar 5.000 mujeres al tiempo.

1845: Próspero Mérimée publica por entregas en Reveue deux mondes su novela, basada en una gitana empleada en la fábrica.

1875:George Bizet estrena la ópera que catapulta al mito a nivel universal.

Siglo XX: Pintores, cineastas, bailarines, gentes del teatro afrontan en diversas disciplinas el mito.

Todo ese viaje que dura ya más de dos siglos: del papel literario y musical al óleo de las artes plásticas, del plano cinematográfico al paño del suvenir o la tinta del cómic, es lo que muestra Carmen, lecturas de un mito en la Casa del Lector. El recorrido comienza en la fábrica de tabacos de Sevilla. “Un lugar donde llegaron a trabajar 5.000 mujeres”, asegura Martínez Montiel. “Eran muy reivindicativas, pero también muy conscientes de la dimensión del mito. Juegan con ese disfraz. Cuando van a trabajar, se las podía observar sin el más mínimo adorno. Pero si alguien se lo requería, rápidamente se colocaban un clavel y un mantón de manila para posar en la foto”.

Esta vez, Martínez Montiel ha concluido el trabajo en solitario. Su compañero de fatigas en torno a las leyendas sevillanas, José Miguel Rodríguez Gordillo, murió por el camino antes de rematar la muestra. Como homenaje, su hermano, el artista Luis Gordillo, ha realizado una particular interpretación del personaje también con 30 dibujos que forman parte de la exposición.

Carmen es un mito francés. Bebe de la necesidad del tópico respecto a sus vecinos. Los españoles lo rentabilizan aun con creces. Gracias. “Pero es que además ha resultado inagotable para todo tipo de expresiones artísticas”, añade el comisario. Desde que se publicara por entregas en la Reveue des Deux Mondes en octubre de 1845, fue creciendo. Al principio no pareció tanto. Pero la pieza de Bizet, estrenada en la Opéra Comique de París en 1875, apuntaló definitivamente la leyenda.

Teresa Berganza, voz y carne de Bizet

Una de las estrellas líricas que mejor han encarnado el mito de Carmen en el mundo de la ópera ha sido Teresa Berganza. La mezzosoprano madrileña lo convirtió en uno de sus papeles bandera y la exposición inaugurada en la Casa del Lector no ha sido ajena a ello. Aparte del homenaje que se le rindió a la cantante el jueves pasado, Berganza ha aportado algunos objetos de su trayectoria a través del personaje que ha interpretado con estilo, personalidad propia y pasión en numerosas ocasiones. Partituras anotadas por ella con algunas flores marchitas recogidas en el escenario, castañuelas, anillos, fotografías de su archivo junto a Plácido Domingo o José Carreras, entre otros, completan sonidos, texturas y toda la particular y atractiva genética de un mito.