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San Sebastián 2016 analiza la violencia de ETA como “fenómeno político y cultural”

Una gran exposición analizará la historia de la violencia y los tratados de paz que la interrumpieron

'The State', de Richard Hamilton, una de las obras presentes en la exposición.
'The State', de Richard Hamilton, una de las obras presentes en la exposición.

El segmento número 7 del apartado Casos de estudio, englobado en el proyecto Tratado de paz –eje axial y apuesta prioritaria de la capitalidad cultural europea San Sebastián 2016-, se titula como sigue: 1989. Tras las conversaciones de Argel. Delirio y tregua.

En su descripción se habla, en referencia al terrorismo de la banda criminal ETA, de conceptos como “el exorcismo cultural de ETA”, “el binarismo que ha impedido todo intento de reflexión”, “un fenómeno a la vez político, militar y cultural” y la propia ETA como “epítome de un conflicto total que ha movilizado hasta la última partícula de la sociedad”.

El ideólogo de todo ello, en calidad de director y coordinador del proyecto Tratado de paz, es Santi Eraso, que entre 2009 y 2011 fue director cultural de la candidatura de San Sebastián para la Capital Europea de la Cultura 2016 y hoy es director general de contenidos culturales de la empresa Madrid Destino, la sociedad anónima responsable de los equipamientos del Ayuntamiento de Madrid destinados a cultura y eventos. Eraso fue nombrado por el gobierno municipal de Ahora Madrid que encabeza Manuela Carmena.

Eraso habla del terrorismo como “el fenómeno”. Y Pedro G. Romero, el comisario general de la exposición Tratados de paz, que a partir del 18 de junio reunirá en San Sebastián (Museo San Telmo y Centro Cultural Koldo Mitxelena) más de 400 obras procedentes de 21 museos sobre el tema de la paz y las formas y representaciones complejas que ha atravesado históricamente, habla, cuando se le pregunta sobre el espíritu de esta iniciativa, de “hablar de las treguas de ETA y no tanto de la violencia de ETA”.

Como ya queda claro y no puede ser de otra forma, el vocablo formado por las siglas E.T.A. tendrá cierto protagonismo en el proyecto más ambicioso de la capitalidad cultural de San Sebastián. Porque tanto la exposición de San Sebastián -1516-2016. Tratados de Paz, patrocinada por Telefónica y que en verdad se antoja apabullante con obras que viajan desde el siglo XVI hasta el pop-art con Pieter Brueghel, Goya, Rubens, Murillo, Ribera, Picasso, Kokoschka, Le Corbusier, Maruja Mallo, Nancy Spero, Richard Hamilton, Yoko Ono, Elena Asins y Marcel Broodthaers entre otros-, como los denominados Casos de estudio que se activarán en lugares como Vitoria, Pamplona, Bayona, Bilbao, Barcelona o Salamanca, presentan una clara vocación de viaje por la Historia… pero no pueden escapar a la mayor metáfora de la dicotomía guerra y paz que han vivido Euskadi, España y, en gran medida, Europa: los 823 muertos a manos de la banda terrorista. Un “fenómeno” producto de “un conflicto”, según las notas redactadas por Eraso y su equipo.

El indudable prestigio y atractivo del proyecto, cuya puesta de largo ha tenido lugar este martes en el auditorio del Museo del Prado, viene dado por el mérito de los responsables de la capitalidad al haber logrado un botín artístico de altura: un auténtico compendio de las visiones que el Arte y el Derecho han proyectado sobre la paz y la guerra, a través de los fondos de instituciones como el propio Museo del Prado (que cede medio centenar de obras, el mayor préstamo nunca concedido por la pinacoteca para una exposición), el Louvre, el Reina Sofía, el Centro Pompidou, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, el MACBA de Barcelona, el Museo de América, la Biblioteca Nacional, el Bellas Artes de Bilbao, el Artium de Vitoria, la Fundación Jorge Oteiza, la Fundación Tàpies, la Universidad de Salamanca, el Parque de la Paz de Hiroshima o el Memorial del Holocausto de Auschwitz.

El impacto de tales instituciones y de tales artistas en forma de una exposición tan ambiciosa como atractiva está asegurado, y falta le hacía a la capitalidad cultural europea de Donostia-San Sebastián 2016 un chapuzón de autoestima en forma de acontecimiento tangible en medio de tanta selva conceptual. Si la doble muestra de San Telmo-Koldo Mitxelena logra elevar el ambiente de capital cultural europea en una ciudad donde hasta ahora este brilla por su ausencia, y por fin hay colas en las puertas de los museos donostiarras, bienvenida sea…

Otra cosa es el debate, el concepto y la memoria. La gran exposición mencionada tendrá como prolongación otras siete pequeñas muestras –los llamados Casos de estudio-, que analizarán capítulos como la Paz de los Pirineos, las Paces de Urbía, la Abdicación de Bayona, el Abrazo de Bergara, el Pacto de San Sebastián, el bombardeo de Gernika o las Conversaciones de Argel. Todo el proyecto parte de un personaje -Francisco de Vitoria-, de una institución –la Escuela Ibérica de la Paz que nació en Salamanca- y de un concepto académico-legal –el Derecho de Gentes-. Ese es el marco conceptual, y moral, de todo este entramado artístico-teórico que sustenta el plato fuerte de San Sebastián 2016. Pero los Casos de estudio en torno a la experiencia y sufrimiento que los avatares del “conflicto” han prodigado a todo un pueblo se antojan a priori como una gran oportunidad perdida de reflexión, análisis y autocrítica.

Sucede que la autocrítica es incómoda. Llamar a las cosas por su nombre y sin metáforas trasnochadas, también. Hablar de paz es hablar de su contrario, hablar de vida es hablar de muerte. Y se supone que aún habría sido más incómodo contar –aunque hubiera sido solo en uno de esos casos de estudio- con algunos de los agentes que participaron en el más inmediato ejemplo de la guerra y la paz que se ha dado en Euskadi y en España. El terrorista. Su víctima. El policía que combatió el crimen. El mediador que trató de sentarlos a todos en torno a una mesa… y que incluso lo logró.