JUAN JOSÉ MILLÁS | ESCRITOR

“Lo mejor para los escritores es estar muertos”

El autor valenciano publica ‘Desde la sombra’, una novela muy personal

El escritor Juan José Millás.Luis Sevillano

A Juan José Millás le ha inquietado mucho escribir Desde la sombra (Seix Barral), su última novela. Hubiera querido no publicarla, si hubiera sido posible, pero le salió del alma y es sobre el alma. Probablemente sobre su alma. Trata de un fantasma, quizá él mismo mirando desde la ranura de un armario, una de sus fantasías de niño. En esta entrevista hace confesiones insólitas en un escritor sobre el proceso de creación de un libro, y sobre su propia manera de verlo ahora.

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Pregunta. Aquí cuenta la historia de un fantasma, alguien que desaparece. ¿Pero es lícito creer que es usted?

Respuesta. Es inevitable; me pasa mucho. Cuando conozco a un autor siempre lo veo en sus personajes. Y como trabajo en la radio, hay gente que cree que hablo en mis libros. Tiene cosas buenas y malas. Por eso lo mejor para los escritores es estar muertos. Mientras vives todas son interferencias. Otra cuestión es que identifiques el personaje conmigo.

P. Como si usted hubiera escrito un reportaje sobre su alma.

R. Es mi mirada, la mirada de alguien que se asoma al mundo desde la ranura. En ese sentido se pueden buscar rasgos míos en el personaje.

P. Aquí el fantasma desaparece en el alma de una mujer real.

R. Trata de ser una presencia invisible, más que desaparecer; observa al mundo sin que el mundo lo observe. Es la mirada del escritor también, que queda reducido a una presencia fantasmal porque a lo que aspira es a ser un fantasma.

P. Esa sombra, o ese fantasma, que tanto aparece en su última literatura, ¿tiene alguna raíz en su propia autobiografía?

R. De niño tienes unas antenas muy especiales, contactas con instancias de la realidad que luego desaparecen. Crecer y madurar es salir de ese mundo. Nos arrancan del mundo de lo fantástico. En mi casa hubo un armario que fue el contenedor de toda la fantasía. Escribía cuentos de armarios. El primero que hice en EL PAÍS tuvo éxito: un tipo descubre que todos los armarios del universo se comunican. Esta es la novela que estuvo en mi cabeza.

P. Comienza recordando el humor de Ionesco y termina siendo millasiana, o kafkiana…

R. No sé lo que ha salido. Me interesaba mucho este personaje capaz de observar un microcosmos familiar, para llegar a la conclusión de que todos los microcosmos familiares son iguales y todos son distintos. Es un misterio. ¡Todavía no sé qué decir de la novela! Me interesaba dar con un hallazgo formal que equivaliera al monólogo interior, ya desgastado. Y di con la fórmula de alguien que le cuenta su vida a un alter ego, un periodista de televisión…

Recorrido por el mundo millasiano

Juan José Millás nació en Valencia el 31 de enero de 1946.

Novelas: Cerbero son las sombras, El jardín vacío, Papel mojado, El desorden de tu nombre, El orden alfabético, No mires debajo de la cama, Dos mujeres en Praga, Lo que sé de los hombrecillos, Laura y Julio y Desde la sombra.

Premios: Nadal (1990) por La soledad era esto, Planeta y Nacional de Narrativa (2007) por El mundo.

Relatos: Primavera de luto y otros cuentos, Cuentos de adúlteros desorientados y Los objetos nos llaman.

Artículos:Algo que te concierne, Cuerpo y prótesis, Articuentos, Los sueños se cumplen, Hay algo que no es como me dicen, Todo son preguntas, Sombras sobre sombras y Articuentos completos.

Reportajes: María y Mercedes, El ojo de la cerradura y Vidas al límite.

P. ...que se transforma en Iñaki Gabilondo.

R. Sí, porque es el contrapunto al periodismo de la televisión basura con el que empieza a conversar. Me parecía bien ese tránsito entre la realidad y la ficción con un personaje como Iñaki, un caso excepcional de sentido común.

P. Una mujer le da al fantasma su textura, su presencia. ¿Cómo le ha servido a su narrativa?

R. No hay un plan; la novela ha ido saliendo. Ella lleva el armario, nota algo raro; y es que se ha llevado el fantasma, quizá el del hermano que murió hace tiempo y que jugó con ella en ese armario. No me documento, va saliendo.

P. Se lee con mucha inquietud: ¿descubrirán al fantasma, que hace tantas tareas domésticas cuando no hay nadie en casa?, ¿sintió usted esa inquietud?

R. Continuamente. Y había que descartar tentaciones, porque eran demasiado novelescas. Podría haber alargado la novela, pero prefiero la intensidad a la extensión. A medida que me identificaba más con el fantasma, más vivía esa zozobra, y me preguntaba si yo mismo había dejado una pista por la que me pudieran descubrir, por la que pudieran descubrir a la persona y a mí como autor. ¡He corrido riesgos!

P. ¿Le ha inquietado escribir este libro?

R. A ratos mucho, y a temporadas me tenía que alejar de él. Luego volvía. Pese a ser un libro que tenía en la cabeza desde hace tiempo e iba imaginando escenas. ¡Me ha costado más de dos años!

P. ¿Le inquieta hablar de él?

R. Sí, me resulta difícil..., no sé por qué. Por un lado siento que no sé qué decir de este libro y, por otro, que podría perpetrar una impostura. No es tan difícil: nos pasa a todos los autores cuando terminamos un libro y no sabemos mucho de él. Tengo el sentimiento de que tampoco sé franquear una impostura respecto a él.

P. ¿No será uno de los libros más personales que ha escrito?

R. Sí. Tiene mucho que ver conmigo. No con el Juan José Millás actual sino con el que va y viene. Tengo una concepción de la realidad que tiene más que ver con el mundo onírico que con el de la vigilia. En el mundo onírico las cosas no pasan unas detrás de otra. Mi lógica es onírica.

P. Es una novela sobre la soledad. La suya.

R. Por la soledad somos elegidos, la soledad coge a determinados individuos. Se dice: “¡Mira, este me viene bien!” y lo escoge. Eso es un destino.

P. ¿Alivia escribirlo?

R. Va dando sentido a la vida.

P. ¿Cómo se siente haber hablado por primera vez del libro?

R. Muy incómodo. Tengo la impresión de que no he hecho más que titubear, que no soy capaz de decir nada medianamente inteligible. ¡Que me perdonen los lectores de EL PAÍS, la he cagado!

P. ¿El fantasma lo hubiera explicado mejor?

R. No, ni siquiera lo habría intentado. No se habría presentado a la entrevista.

La sombra e Internet

Hay un momento en que Desde la sombra se puebla de insectos. Es inevitable ver al Samsa de Kafka mirando insectos desde la sombra… O a Millás viendo su sombra… "Me gusta esa idea de contemplar mi obra como si fuera mi sombra. Seguramente sería aplicable a la mayoría de los autores: la obra como sombra de ellos mismos, como la parte donde se pone el lado más oscuro. Lo que ponemos en la literatura son aquellas zonas de nosotros mismos con las que tenemos problemas. Sí, la idea de sombra me gusta mucho", confiesa Millás.

Además, Internet es parte de los instrumentos del fantasma. Ante la posibilidad de que le hayanos vendido el alma a la Red, el autor dice que “en Internet somos otros y el que nos mira desde Internet nos mira un poco como nos miraría un fantasma. Cuando alguien se asoma a las redes para verse lo mira todo como a través de una ranura. Hay un desdoblamiento, a uno lo mira su visión digital”.

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