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CRÍTICA | JANIS

Rigor sin creatividad

Vulnerabilidad: quizá sea la palabra clave, la que sobrevuela a lo largo de todo el metraje del documental de Amy Berg

Janis Joplin, en la portada del álbum 'Pearl' (1971).
Janis Joplin, en la portada del álbum 'Pearl' (1971).

“No te imaginas lo difícil que es ser yo”. Parece una sentencia de muerte y lo fue. Janis Joplin lo escribió en una carta casi al final de su vida, cuando era una estrella, pero lo podría haber dicho, por razones radicalmente opuestas, cuando era una adolescente esquinada por sus compañeros de instituto.

Vulnerabilidad: quizá sea la palabra clave, la que sobrevuela a lo largo de todo el metraje de Janis, documental de Amy Berg sobre la cantante estadounidense, que abarca material de archivo y entrevistas actuales, actuaciones míticas, presencias televisivas, filmaciones en súper 8, fotografías y cartas inéditas enviadas a su familia.

Una película rigurosa e interesante en su contenido, pero con el freno de mano en lo formal, lo que no acaba de encajar bien en un personaje autodestructivo, libertario y salvaje como el de Janis.

Voz de Cat Power

Con la eficaz narración en off de la cantautora Cat Power como voz interpuesta en primera persona de Joplin, la película, sin embargo, cae en la tentación de las entrevistas con persona pasmarote en plano medio, en entorno poco cuidado, más propias de un reportaje televisivo que de una obra cinematográfica con aspiraciones creativas.

Y solo cuando la película se suelta, algo imprescindible en tiempos de contracultura, psicodelia y revolución, sobre todo con el montaje y las impactantes actuaciones musicales —Monterrey, Woodstock—, Janis se aleja del puro documento para acercarse a lo alucinógeno.

Pero pocas veces lo logra. Aplicado y profesional, aunque algo mustio, el documental en sí no alcanza los niveles de pasión y dolor de las frases de su protagonista: “Hostia puta, tengo muchas ganas de ser feliz”.