OBITUARIO

Alain Jouffroy, escritor surrealista y rebelde

El poeta francés dedicó su vida a instigar un “cambio total del mundo” desde el arte y el activismo y su obra estuvo prohibida en su país

El poeta francés Alain Jouffroy en 1995.
El poeta francés Alain Jouffroy en 1995.Rue des Archives / Louis Monier/Rue des Archives

Desde que cumplió 18 años, Alain Jouffroy tuvo claro que quería dedicar su vida a instigar “un cambio total del mundo”. Este intelectual vehemente dedicó todos sus esfuerzos en materializarlo, sirviéndose de armas tan eficaces como la poesía y el arte. El escritor falleció el domingo en París a los 87 años, dejando atrás un centenar de volúmenes y poniendo fin a una larga trayectoria en la que siempre alió lirismo poético y utopía política.

Sus comienzos se inscriben en el grupo surrealista, tras un encuentro fortuito con André Breton en el París de la primera posguerra. El gran escritor surrealista lo terminaría excluyendo por su falta de disciplina, pero el proyecto político del movimiento caló hondo en el joven poeta. Jouffroy siempre aspiró a impulsar una transformación individual que terminara provocando también una metamorfosis de la sociedad. Lo llamó “individualismo revolucionario”. En aquellos círculos de la vanguardia parisina también coincidió con Louis Aragon, Marcel Duchamp, Francis Picabia, Victor Brauner o Roberto Matta.

Los sesenta fueron su década más fructífera. En 1960 organizó junto a Jean-Jacques Lebel los llamados antiprocesos, exposiciones itinerantes que protestaban contra la guerra en Argelia y la práctica de la tortura, a la vez que abogaban por la libertad de expresión y se interrogaban sobre el papel que la expresión artística podía tener en los tiempos modernos. Para Jouffroy, el arte no podía ser solo una colección de objetos colgando en las paredes del museo, sino el instrumento para una toma de conciencia sobre el estado del mundo. Por eso fue un apasionado del pop art, que introdujo en Francia gracias al ensayo Une révolution du regard [una revolución de la mirada] (1964), y apoyó a algunos de sus hijos putativos en territorio francés, como los llamados Nuevos Realistas y el más tenebroso grupo de los Objetores.

Su antología poética Declaración de independencia fue prohibida en territorio francés por sus llamadas a la desobediencia civil, pero sería publicada en Estados Unidos por Lawrence Ferlinghetti, el poeta y propietario de la mítica librería y editorial City Lights. Gracias a eso, Jouffroy descubrió a la generación beat y la hizo llegar a los lectores franceses a través de una antología.

Su voluntad de democratizar la poesía le llevó a crear una colección de bolsillo dedicada a ese género en 1966, en la prestigiosa editorial Gallimard. Poco después, participó en la revuelta de mayo del 68, cuando simpatizó con personalidades como Jean-Luc Godard o Philippe Sollers. En los ochenta, tras fundar la revista de arte Opus International, fue destinado como consejero cultural a la embajada francesa en Japón, donde conoció a su última esposa.

El Centro Pompidou, con el que colaboró desde su inauguración en 1977, dedicará a Jouffroy a partir del 14 de enero una muestra de homenaje, prevista desde hace meses y orquestada con su participación, que revisará la trayectoria de este curioso inagotable e insolente incorregible, que decía tener una afición irrefrenable a “rebelarse contra la ausencia de rebelión”.

Alain Jouffroy. / LOUIS MONIER (CORDON)

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