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La chica perturbadora

El argentino Santiago Mitre construye una extraña protagonista, una mujer que rehuye la venganza, en la multipremiada 'Paulina'

Santiago Mitre, en el certamen de San Sebastián.
Santiago Mitre, en el certamen de San Sebastián.

Hay algo muy perturbador en desechar la venganza, en que alguien desista incluso de pedir justicia. Paulina, la nueva película del argentino Santiago Mitre, que obtuvo dos premios en Cannes y tres en San Sebastián, está protagonizada por una mujer cuyo comportamiento desestabiliza al público: “Cuando empecé el guion, entendí que tenía que abordarlo desde un punto de vista político. Paulina se agarra a sus convicciones para poder sobrevivir a lo que le pasa, pero llevado a un límite problemático. El espectador la acompaña pero no logra entenderla siempre. Es una película en la que uno está a menudo en desacuerdo con su protagonista”, cuenta Mitre (Buenos Aires, 1980), que ha logrado convertir una película de encargo –Paulina es la versión de La patota, un drama de Daniel Tinayre de 1960- en uno de los títulos más radicales del año, gracias a su personaje principal, una chica –encarnada por Dolores Fonzi- que renuncia a una brillante carrera como abogada para dar clases en un pueblo alejado. Allí una banda de chicos, entre otros algún alumno suyo, la violará. “Eso es lo más perturbador”, dice el cineasta. “Ella se mantiene inconmovible ante las cosas que le van pasando, no varía. Intenta comprender, no sé si perdonar, pero desde luego no vengarse. No quiere prorrogar una espiral de violencia. Y eso aterroriza al público, que espera que busque venganza, que odie. Pero ella es lo contrario”. Y sobre Fonzi, asegura: “Con su interpretación poseyó la película narrativamente”.

Sobre La patota original, Mitre asegura que este guion está muy reescrito. “Es un clásico poco conocido. Me pareció valiente, transgresora, y que se podía adaptar a esta época porque la situación social sigue igual. En la reescritura me alejé de ella para incluir mis conceptos sobre la justicia, a la búsqueda de que se convirtiera en una tragedia moderna en torno a la convicción, en que se acercara a una especie de Antígona, con toda su reflexión sobre una mujer con un concepto de justicia muy partículas, y que además pelea por él hasta las últimas consecuencias”.

Paulina es también una película sobre la llegada de un extranjero, de un extraño –aquí extraña- a un mundo cerrado. Mitre aprovecha para mostrar muchos puntos de vista y de paso “repasar la crudeza y la pobreza que vivimos hoy en día en muchas partes de Argentina, en tantas y tantas partes de Sudamérica”. “Y también en el resto del mundo, en los abismos sociales que se han abierto en la sociedad actual. Como los problemas de inmigración en Europa… La pobreza es violenta, genera violencia”.

Al final, lo que queda es una Paulina enigma –“de la que el público pensará que tiene o no razón, y gracias a eso lo debatirá a la salida de la proyección, provocando emociones, generando preguntas”-, con un poso político cercano a la carrera de Mitre, director de El estudiante y coguionista de Carancho y El elefante blanco. “Sí, me interesa un cine político desde una perspectiva humana, de personajes, de experiencias; un cine que actué de forma concreta en el mundo, pero que no sentencie, que no deje las cosas demasiado claras. En realidad, es hablar de política sin hacer un filme política. Recuerdo con mucho cariño el éxito en España de El estudiante, fue tan querida por el público como por las críticas”.

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