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El pintor que se rio del estalinismo

El Palacio de Velázquez presenta una retrospectiva del artista polaco Andrzej Wróblewski con 150 obras

La obra 'Liquidación del gueto', de Wróblewski, en el Palacio de Velázquez.
La obra 'Liquidación del gueto', de Wróblewski, en el Palacio de Velázquez.

El pintor Andrzej Wróblewski decidió el 23 de marzo de 1957 hacer una excursión solitaria por los montes Tatras, al sur de Polonia. Un mal paso bastó para que se escurriera y perdiera la vida. Había nacido en Vilna, en 1927 y solo tenía 29 años. Pero a lo largo de una década había sabido encarar las contradicciones de la modernidad con una amplísima obra que oscila entre la figuración, la abstracción y el más contundente realismo socialista. Testigo y víctima de uno de los periodos más convulsos de Europa, Wróblewski es una auténtica leyenda en Polonia y un artista que, con el paso del tiempo, ha sido reconocido en todo el mundo. El Palacio de Velázquez del parque del Retiro, espacio perteneciente al Reina Sofía, ofrece hasta el 28 de febrero la retrospectiva más extensa que se le dedica fuera de su país. La exposición, titulada Verso/reverso, reúne 150 obras y se centra en dos fases esenciales de su trabajo: sus inicios, entre 1948 y 1949, cuando buscaba su propio lenguaje pictórico, y su último año de actividad, entre 1956 y 1957, ya renegado del estalinismo, cuando intentó reinventarse partiendo de cero. En medio de estos periodos, se despliega un mundo de imágenes que prueban su fe temporal en el realismo socialista y su afán experimentador a través de sus pinturas de doble cara (aquí se exhiben 36) en las que podía combinar una dramática ejecución con una visión abstracta y colorista de la revolución.

Fue testigo y víctima de uno de los periodos más convulsos de Europa

Manuel Borja-Villel, director del museo, recuerda las circunstancias históricas en las que se debe situar la obra de Andrzej Wróblewski: el páramo dejado en herencia por Auschwitz y un auténtico telón de acero. "La suya es la pintura de un momento marcado por la desconfianza, la delación, las dobles identidades, el desarraigo en el exilio y el extrañamiento en la propia tierra". Precisa Borja-Villel que todo esto fue especialmente sufrido en Polonia. "Su ciudad natal, Vilna, ha pertenecido a cinco entidades estatales diferentes durante el pasado siglo", señaló.

Éric de Chassey, comisario de la exposición junto a Marta Dziewánska, asegura que la pintura y la obra gráfica de Wróblewski reflejan los traumas y las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, "pero también los sueños de un mundo nuevo y mejor". "Sus obras indagan en los sentimientos más íntimos y representan la realidad más cruda, oscilando entre un lenguaje pictórico inventado, a veces totalmente abstracto o metafórico, y un punzante realismo, en ocasiones voluntariamente plegado a exigencias políticas. Fascinantes experimentos de un artista que abordó las contradicciones del periodo moderno y que hacen que su trabajo sea particularmente relevante en nuestra era", añade.

Es una leyenda en su país, cuya obra es ahora reconocida internacionalmente

La parte central de la exposición y la más espectacular está formada por las 36 pinturas de doble cara. Marta Dziewánska reconoce que el sistema no fue un invento de Wróblewski y que seguramente, como otros tantos, empezó a usar las telas por las dos caras debido a motivos económicos. "Pero lo original en él fue el contraponer dos asuntos aparentemente distintos hechos en fechas muy próximas", comenta el comisario. Así, en ese bosque de cuadros dobles, resulta fascinante poder contemplar por un lado la imagen desoladora de La liquidación del gueto (1949) y por otro la fascinación por las máquinas que encarnan un mundo mejor de El chófer azul (1948). "Su obra se mueve siempre" explica la comisaría, "en la tensión entre la figuración y la abstracción. Las narraciones del sufrimiento más próximo son de corte realista porque, como él solía decir, a su madre la fusilaron de manera real, no abstracta".

Wróblewski.
Wróblewski.

Profesor de arte, Andrzej Wróblewski no pudo contemplar directamente la obra de los artistas de Occidente, pero la conocía a través de las ilustraciones de los libros. Miró, Klee, Mondrian y Goya son señalados por los comisarios como los grandes referentes de su obra.

Tras el espacio dedicado a retratos y autorretratos, la exposición se enriquece con documentación procedente del archivo personal del artista (fotografías familiares, informes del partido comunista, etc.), así como dos películas realizadas por Andrzej Wajda y Konrad Nalecki. Ambos cineastas fueron amigos del artista y participaron en el Grupo autoeducativo, una iniciativa estudiantil fundada en 1948 para combatir el conservadurismo de la Academia de Bellas Artes de Cracovia. Wajda (1926) ha afirmado a menudo que la contemplación en 1949 de la serie Ejecuciones de Wróblewski le hizo abandonar la práctica de la pintura y decidió lanzarse a la creación cinematográfica.