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CRÍTICA | HOTEL TRANSILVANIA 2

Reconquistar el miedo

Afortunada secuela centrada en los esfuerzos de un abuelo (Drácula) por transmitir los viejos valores (monstruosos) a un nieto

La familia Drácula de 'Hotel Transilvania 2'.
La familia Drácula de 'Hotel Transilvania 2'.

En 1962, la canción Monster Mash, interpretada por Bobby Pickett y los Crypt-Kickers, alcanzó la cúspide de las listas de éxitos en la semana previa a la celebración de la fiesta de Halloween. La escalada del tema fue uno de los muchos síntomas de un masivo fenómeno cultural que se había ido gestando desde finales de los años 40, cuando el estudio Universal empezó a jugar al cóctel de monstruos en un proceso que llevaría a cruzar los caminos de sus iconos terroríficos con el humor básico de los cómicos Abbott y Costello. Los monstruos clásicos perdían su significado para devenir iconos pop, un juego de niños.

HOTEL TRANSILVANIA 2

Dirección: Genndy Tartakosky.

Animación.

Género: comedia. Estados Unidos, 2015.

Duración: 89 minutos.

Monster Mash suena, de manera consecuente, en Hotel Transylvania 2, afortunada secuela centrada en los esfuerzos de un abuelo (Drácula) por transmitir los viejos valores (monstruosos) a un nieto fruto del mestizaje entre su hija y un atolondrado humano. La secuencia de la visita al campamento de verano ironiza con acierto en torno a la cultura de la sobreprotección a la infancia, pero lo más llamativo es constatar cómo el director Genndy Tartakovsky afirma su identidad en trazo y movimiento en el contexto, frecuentemente homogeneizador, de la animación digital. Una muy eficaz y veloz comedia sobre una educación en la transgresión, con la domesticación pop del monstruo en el infierno consumista como contexto autocrítico.