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El cine fantástico y de terror también es cosa de chicas

El festival de Sitges sirve de escaparate de las cineastas que aman el género

Fotograma de 'The invitation' de Karyn Kusama.
Fotograma de 'The invitation' de Karyn Kusama.

Hace ya años que las colas del festival de Sitges dejaron de ser reducto de pandillas de adolescentes y veinteañeros para abrazar la heterogeneidad: chicos y chicas, todo tipo de edades, familias, espectadores fanáticos de los zombies y público que busca películas que aporten algo más que el mero susto. En pantalla ya se ven heroínas, mujeres con carácter, incluso personajes de los que no importa su género porque lo fundamental es lo que hacen. O sufren. O padecen, hechos muy habituales en las películas de Sitges. Solo faltaba que también hubiera directoras que fueran las responsables de esas historias, y parece que algo está cambiando.

El cine es una industria machista. Desde hace unos años, las cineastas han declarado una lucha contra ese hecho. En el certamen de Cannes de 2014 –su concurso solo lo ha ganado una mujer, Jane Campion, en sus siete décadas de historia– se produjo tal revuelo que este año la organización había creado unas jornadas para debatir el papel de la mujer en el cine. En Sitges las cosas han ido de otra manera. En la pasada edición Good Night Mommy, The Babadook o A girl walks home alone at night abrieron los ojos al público: eran obras potentes realizadas por mujeres. "The Babadoo es la mirada más elaborada en los últimos tiempos sobre la maternidad", asegura Desirée de Fez, crítica de cine, autora de múltiples publicaciones sobre el cine de terror y coordinadora del libro que el festival ha editado sobre Seven, el filme que se homenajea en esta edición. "Siempre hubo directoras de serie B en Estados Unidos, por ejemplo, y desde luego siempre detrás de los grandes creadores del género ha habido ayudantes y técnicos mujeres. Pero ahora ya hay realizadoras, cada vez más". De Fez tiene clara la razón: "Se han roto los tabúes del género. El cine fantástico y de terror no sirve para dar sustos, sino que sus directores aprovechan para contar más cosas, y eso lo hace más atractivo para las realizadoras que de repente encuentran un nuevo campo para llegar con sus historias a un público distinto".

Imagen de 'Evolution', de Lucile Hadzihalilovic.
Imagen de 'Evolution', de Lucile Hadzihalilovic.

En Sitges la sección Noves Visions One se abre con La novia de Paula Ortiz, una adaptación de Bodas de sangre, de Federico García Lorca. El mismo apartado se clausurará con Evolution de Lucile Hadzihalilovic, ganadora de dos premios en el certamen de San Sebastián. Allí, en una entrevista a este diario, Hadzihalilovic contaba: "No encontré mejor manera para hablar de la maternidad, de ciertos peligros de la ciencia y de la enfermedad que llevar mi guion al terreno del fantástico. Te permite transitar por caminos que una película más realista no aceptaría". De Fez puntualiza una posible consecuencia: "Que algunas directoras indaguen de manera tan brillante en la maternidad no quiere decir que un director no lo pueda hacer. Y a su vez, las mujeres en el cine por suerte no se acotan a los temas más femeninos".

En la misma sección, en el apartado Plus, la japonesa Lisa Takeba presenta Haruko’s Paranormal Laboratory, y se puede ver Blind Sun de Joyce A. Nashawati, sobre una ola de calor en Grecia. En el concurso, una de las películas que más ha gustado hasta hoy ha sido The Invitation, thriller de la directora y guionista estadounidense Karyn Kusama, la responsable de Girlfight, Aeon Flux y El cuerpo de Jennifer, y que ha construido una intriga sobre sectas y pérdidas sentimentales, que trasciende el género para apuntar a fanatismos religiosos, y en un prodigioso final, señalar –cada uno lo interpreta como quiere- a la Cienciología. Y de clausura del festival, la apocalíptica Into the Forest, de Patricia Rozema, con dos grandes actrices emergentes: Ellen Page y Evan Rachel Wood. Han llegado para quedarse.