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CRÍTICA | LA PLAYA DE LOS AHOGADOS

El aire de un crimen

Aunque hay apuntes de sociología e inmensas posibilidades, fracasa en su intento de explicar el entorno a través del lenguaje cinematográfico

El aire de un crimen

Las comparaciones podrán ser odiosas, pero sirven para calibrar la esencia, las posibilidades, las rutinas, las inercias y los errores de determinadas obras. La playa de los ahogados, película de Gerardo Herrero basada en una novela de Domingo Villar, comparte no pocas características con La isla mínima: algunas evidentes, como el caso criminal, la pareja de policías de bagaje y objetivos vitales dispares y cierta estructura narrativa; y otra fundamental, la influencia del paisaje, de la tierra y de la superstición en el comportamiento de los personajes, el aire y el aliento que los mueve. Allí, las marismas del Guadalquivir; aquí, la Galicia de las meigas, el trasgo y la Santa Compaña.

LA PLAYA DE LOS AHOGADOS

Dirección: Gerardo Herrero.

Intérpretes: Carmelo Gómez, Antonio Garrido, Marta Larralde, Pedro Alonso, Luis Zahera.

Género: policiaco. España, 2015.

Duración: 97 minutos.

Sin embargo, aunque hay apuntes de sociología y había inmensas posibilidades, La playa de los ahogados fracasa en su intento de fundir entorno comunitario, natural y psicológico a través del lenguaje y las formas cinematográficas, lastradas además por algunas cojeras con el sonido directo (o con las interpretaciones), que han obligado a algunos chirriantes diálogos doblados a posteriori. A cambio, la credibilidad de secundarios como Luis Zahera y Marta Larralde, y la solidez de la historia, adaptada por el propio Villar y el veterano Felipe Vega, aportan un empaque que provoca que, a pesar de todo, la película se vea con soltura y evidente interés.