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Los Suaves ya son leyenda

La banda gallega de rock duro que teloneó a Los Ramones y a The Rolling Stones se separa tras 35 años de carrera

Los Suaves - Charly, Tino, Fernando, Alberto y Yosi
De izquierda a derecha, Charly (bajo), Tino (batería), Fernando (guitarra, sentado), Alberto (guitarra) y Yosi (voz), en su estudio de Ourense.

Dentro del local de ensayo, esperan los cinco, distribuidos sin ningún orden entre instrumentos y amplificadores. En las paredes pueden verse pósters de giras pasadas, listados de canciones y carteles con los nombres de cada uno acompañados de la famosa cara del gato en un círculo rojo, el emblema que adoptaron tras hacer de teloneros de The Ramones en 1981. Si los pioneros del punk-rock tenían un águila, ellos, Los Suaves, decidieron tener un gato. Hoy, más de tres décadas después, es el logo más famoso del rock español, el de una banda que se ha reunido en este local para hablar de forma “extraordinaria” de su despedida. “Creo que la cifra de la última vez que nos juntamos todos para una entrevista llega a dos dígitos”, señala el guitarrista Alberto Cereijo.

Parte de esta dificultad de juntarse con la prensa viene porque Yosi Domínguez, el carismático cantante del grupo, hace tiempo que dejó de conceder entrevistas y, si lo hace, suele ser a través de correo electrónico, pero en esta ocasión espera sentado en una silla de madera con un cigarro en la mano y una amplia sonrisa. Después de esta entrevista, él y el resto de componentes de Los Suaves (el bajista y hermano de Yosi, Charly Domínguez, el guitarrista Fernando Calvo y el baterista Tino Mojón) recibirán un homenaje en Ourense, la ciudad que les vio nacer en 1980 y su bastión durante todo este tiempo de batallas y rock. “El emperador Tiberio cuando se estaba muriendo dijo: 'Ay, creo que me estoy convirtiendo en Dios'. Cuando ves los homenajes de despedida, empiezas a pensar como Tiberio y dices ay”, comenta Yosi, el primero en tomar la palabra.

Con su característico look rockero de vieja guardia, formado por su abultada y rizada melena gris, sus vaqueros y cazadora, el cantante habla con ímpetu socarrón, mezclando vocabulario de calle con citas históricas, musicales y literarias. Pide perdón por “la pedantería”, pero es evidente que es su natural forma de expresarse, con esa euforia contagiosa, como en esas canciones cantadas por dos o tres generaciones de jóvenes en conciertos, bares y fiestas de pueblo. Canciones como Malas noticias, Palabras para Julia, No puedo dejar el rock, Pobre jugador, Pardao o Dolores se llamaba Lola, su himno más popular. “Se tocó durante dos años sin estar grabada y ya generó mucho éxtasis”, recuerda Charly. “La niña de azul era de Las Carmelitas”, explica Yosi. “Cuando escribes una canción de una mujer, es porque te fue muy mal. Cuando te va bien no lo haces. Al menos yo”.

El adiós de Los Suaves estaba en boca de muchos desde que se supo que Yosi tenía hepatitis C. Y ahora ya es una realidad, aunque antes, el 10 de octubre, el grupo será cabeza de cartel del festival Rocktubre, que se celebra en la plaza de toros de Torres de la Alameda, aunque su último concierto está previsto para el 29 de diciembre en La Riviera de Madrid. Por el camino ha habido mucha carretera, aunque hayan sido una formación “muy apegada a la tierra” en palabras de Yosi, más cuando Ourense, una ciudad que tiene una plaza con el nombre Los Suaves y les entregó la Medalla de Oro, pilla tan lejos de tantos sitios. “En los comienzos, muy lejanos y difusos, tardábamos casi 24 horas en llegar a Barcelona”, dice Yosi. “Pero no por pararnos en puticlubs sino porque íbamos por carreteras nacionales y la furgoneta no corría”, apunta Charlie.

También por ese camino hubo momentos difíciles y algunas tensiones, como esa época desastrosa cuando Yosi, afectado por las drogas, olvidaba letras de canciones en los conciertos o como ese amago de ruptura que hubo en 2010 tras la salida de su último disco, Adiós, adiós. “Lo más positivo ha sido saber reconducir todo el trabajo y haber afrontado de la forma más digna y grande este adiós”, señala Cereijo. “Ha habido tensiones pero no tanto como para ser como Oasis”, añade Yosi con una risotada. “Ganas de separarnos tenemos tras 35 años”, indica Charly con humor gallego.

Son 35 años haciendo rock'n'roll, bajo la influencia directa de bandas como Thin Lizzy. Lo de rock'n'roll es bien puntualizado por ellos. “Nada de rock urbano. Ni hablar”, dice el cantante, apoyado por sus compañeros. Durante todo este tiempo, se sienten recompensados por el público —"algunos seguidores se enterraron con la bandera de Los Suaves”, cuenta Tino— pero lamentan su escasa visibilidad en medios de comunicación, un hecho que a estas alturas tampoco les preocupa mientras se encienden cigarros en un local que antes fue una sede de alcohólicos anónimos y rememoran sus actuaciones más célebres como teloneros de The Rolling Stones. Antes de irse al homenaje, Yosi abre bien los ojos y, con su peculiar impulso, habla con aire de sentencia filosófica: “De lo que más orgullosos estamos es de estar vivos y haber hecho lo que queremos, esto es, rock'n'roll. Y hay que dejarse de rollos: el rock'n'roll es escribir una canción como si fuera la primera y cantarla como si fuera la última”.

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